AEB: masacres de El Paso y Dayton

Xenofobia y alienación: dos lacras generadas por la clase dirigente yanqui. El asesinato de 22 personak, en su mayoría de origen hispano, en la localidad de El Paso en Texas, a manos de un supremacista blanco ha desatado una ola de repudio en EEUU y el mundo contra las políticas racistas y anti inmigrantes de Trump. Pocas horas después una nueva masacre en Dayton, estado de Ohio, terminó de crispar los nervios del pueblo estadounidense. La solución para los demócratas y otros oportunistas pasa por el control de la venta de armas.

Ocultan las raíces del problema: la alienación generada por las profundas contradicciones que cruzan la sociedad yanqui y el racismo alentado históricamente por sus clases dominantes, ahora agravado por las diatribas xenofóbicas de su actual presidente.

Cuando aún estaban frescas las imágenes de los asesinados y heridos en el supermercado Walmart de El Paso por Patrick Crusius, un joven supremacista blanco admirador de Trump, que había publicado un manifiesto en el que expresaba el temor por una supuesta “invasión latina” que reemplazaría a los blancos anglo sajones yanquis y que había entonces que matar una cantidad suficiente para detenerlos, una racia practicada por el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos) detuvo a 680 trabajadores indocumentados en una procesadora de pollos de Misisipi.

Esta acción del ICE, en cumplimiento de la orden de Trump de realizar redadas masivas para expulsar a los migrantes indocumentados, desató una tremenda desesperación entre los familiares, compañeros y amigos, y fundamentalmente en los pequeños niños de las familias afectadas, que hoy pueden ver a sus padres expulsados a sus países de origen.
La indignación contra Trump luego de las masacres, le impidió que sus visitas a las ciudades en que se produjeron, con la excusa de acompañar a los familiares de las víctimas, sirvieran para disimular su responsabilidad. Sendas protestas de los familiares y los pobladores de estos dos pueblos manifestaron la oposición a su presencia.

Al ataque claramente racista de El Paso deben sumársele las violentas masacres, durante tan solo una semana, en Dayton y en la Feria Alimenticia de California. Estas seguidillas de ataques han creado un clima de temor y prevención en muchos estadounidenses que llevó, adibidez, a que el escape de una motocicleta en Nueva York, generará un episodio de pánico colectivo en Time Square, con corridas y más de 12 heridos producto de los atropellamientos entre la gente que huía despavorida en la creencia que podía caer víctima de un nuevo tiroteo. El crecimiento de la violencia extrema, los asesinatos, las masacres, una parte importante de ellos provocados por razones xenófobas, son indicadores de los grados de tensión social que actualmente que existen en la sociedad yanqui.

El racismo

El Paso es una localidad texana en el que la mayoría de la población es de origen hispano (8 de los muertos eran inmigrantes mexicanos). Como relata Fernando García, Director y Fundador de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos en El Paso, Texas, en la entrevista que le realizó DW el 06/08: “… fue un ataque contra lo que representa El Paso.” (…) “Hemos abierto nuestras casas, nuestras iglesias, nuestra comunidad, para recibir a los migrantes. Porque nosotros somos inmigrantes, 80% de El Paso son hispanos de varias generaciones.” (…) “…también porque El Paso a resistido cada uno de los embates racistas y xenofóbicos de este presidente. Aquí, en El Paso, se separaron a los niños de sus padres, aquí empezó el programa de regresar a refugiados para México, y en cada uno de ellos hemos estado resistiendo con mucha dignidad.”

Reflejando que el problema viene de anteriores gobiernos, pero que ahora se ha agravado, García continúa: “Hemos tenido muchas administraciones, tenemos muchos problemas en términos de la política fronteriza antes que Trump. Pero con Trump lo que hemos visto es que se ha expandido como se criminaliza al migrante, cómo se nombra al migrante, se nos llama violadores, se nos llama criminales, se nos dice que somos una amenaza a la seguridad nacional, se expande la militarización de la frontera. Tenemos milicias llegando aquí. Precisamente antes de este incidente, hace unos meses, tuvimos milicias de supremacía blanca armadas llegando acá diciendo que venían respondiendo al llamado de Trump, diciendo que venían a parar la invasión. Y es lo que hizo este tirador. Respondió ante el llamado de Trump. Lo que pasó ayer fue el resultado de la política racista y xenófoba, hija del Presidente.” (1)

No se trató simplemente de la reacción de un loco suelto. En EEUU el sector de la burguesía que representa Trump, utiliza la crisis que envuelve a sectores pauperizados del pueblo yanqui para utilizar su desesperación contra los trabajadores inmigrantes. Hay una clara conexión entre este ataque armado y la racia de trabajadores indocumentados en la fábrica de Misisipi.

Décadas atrás la burguesía en el afán de dividir a la clase obrera yanqui utilizaba el odio contra los negros, que debieron dar fuertes peleas para conquistar sus derechos civiles y para no ser tratados como ciudadanos de segunda clase. Por eso en EEUU los “americanos” son los blancos anglo sajones, mientras que los ciudadanos negros o de origen hispano son “afro-americanos” o “hispano-americanos”.

Un cuadro de gran tensión social

Estamos presenciando una gran polarización social y política, producto de la grave crisis económica que en el 2008 terminó con el “sueño americano”. El creciente aumento de la desigualdad social domina la vida política y social. Los ricos concentran las fortunas más grandes de la historia, son una élite cada vez más corrupta, con cada vez más dinero acaparado por muchas formas de criminalidad financiera frente a importantes sectores sociales que nunca recuperarán los niveles de bienestar que sus padres tuvieron.

Esto trajo como resultado el cuestionamiento del viejo establishment político de demócratas y republicanos (Trump puede considerarse como un outsider de este staff tradicional) y una creciente polarización política a derecha (Trump) y a izquierda (reflejada por el surgimiento de millones de milenians socialistas y distorsionadamente por el ascenso de Sanders en la interna demócrata).

En este cuadro, el ataque de Trump a los inmigrantes le sirve para alentar el voto de su base electoral, que compra el verso de que los inmigrantes vienen a sacarle el trabajo y que añoran sus viejos privilegios de clase media y sectores obreros de un país imperialista, ahora pauperizados por la crisis económica. Le es muy útil también para poner en caja y seguir explotando al sector más precarizado y explotado de la clase obrera yanqui, los trabajadores migrantes latinos, presionando a la baja y precarizando al mismo tiempo, al resto de los trabajadores yanquis, cuyos empleos han perdido su calidad histórica pese a la tan propagandeada “recuperación económica”.

El migrante “José González, describió la vida en los campos de fresas. ‘Largos días, largas horas en el calor abrasador, sin acceso al agua, ni siquiera un baño’, dijo. González fue a la escuela nocturna para aprender inglés y logró encontrar trabajo fuera de los campos. ‘No todos tienen suerte’, continuó. ‘Algunos mueren tratando de cruzar la frontera. Aquellos que tienen la suerte de hacerlo lo pasan mal. Algunos se aprovechan cuando vienen a trabajar y se les paga por debajo del salario mínimo ‘. ‘Nos engañan con la inmigración para no decir nada, no luchar por nada, no nos pagan’.

Un estudio encontró que al 34 por ciento de los trabajadores inmigrantes indocumentados se les negó el salario mínimo. El ochenta y cuatro por ciento no recibe su tiempo y medio obligatorio cuando trabaja horas extras. Y eso es solo salarios: para los trabajadores inmigrantes indocumentados, las malas condiciones de trabajo son una realidad casi universal. “(…) “Daniel Costa en el New York Times. ‘Esto les da a los empleadores un poder extraordinario para explotarlos y pagarles menos. Cuando se suprimen los salarios de los inmigrantes, también lo hacen los salarios de los trabajadores estadounidenses que compiten por trabajos similares’”. (Jacobin 08/07/2019) (2)

La complicidad demócrata y de López Obrador

Los analistas señalan en que Trump viene profundizando su discurso xenófobo, algunos dicen “jugando con fuego”, ya que lo favorecería en su base de votantes en este periodo pre electoral. Los demócratas por su parte utilizan esto para, mientras avalan lo central de sus políticas, aparecer tomando distancia de sus rasgos más irritantes como la construcción del muro o la separación de los niños de los padres migrantes. Hala ere, las cifras de deportaciones durante las presidencias de Obama desnudan este discurso mentiroso. El ex presidente demócrata expulsó en 7 años a 3 millones de migrantes, algo a lo que todavía Trump está lejos de igualar, pese a su discurso anti inmigrante.

El otro caso de cinismo extremo es el del actual centro izquierdista presidente mexicano López Obrador, que desarrollo su carrera política con un discurso nacionalista y antiimperialista y que al primer apretón serio de Trump, que amenazaba con arancelar las exportaciones de México a EEUU, salió corriendo a desplegar la Guardia Nacional mexicana a la frontera con Guatemala, para detener y deportar a los centroamericanos que necesariamente atraviesan México para llegar a EEUU. Frente a la actual masacre de El Paso lo único que pide es la extradición a su país del terrorista.

La campaña por el “control de armas”

La proliferación de los “lobos solitarios”, algunos que como señalamos, tan solitarios no están, ya que se encuentran orientados por la propaganda oficial, le ha permitido al Partido Demócrata relanzar su campaña contra la venta libre de armas a los norteamericanos, exigiendo regulaciones que la impidan. En esto son acompañados por numerosos sectores burgueses y pequeños burgueses, que tras un discurso “pseudo pacifista” prefieren que el monopolio de las armas quede en manos del mayor estado terrorista del mundo: el Estado norteamericano.

El propio Trump ha señalado que no está en contra en principio de convocar al Congreso para debatir un mayor control, pero que ahora no ve “apetito político” para prohibir los rifles de asalto. Una declaración que parece que tiene algún grado de seriedad ya que inmediatamente la Asociación Nacional del Rifle norteamericana, el lobby más importante en defensa de la libertad de venta del armamento, salió a criticarlo.

Lamentablemente esta posición objetivamente funcional a mantener el control de las armas en el estado imperialista yanqui también ha contagiado a corrientes de izquierda que, como Anticapitalistas de España, en su web Viento Sur, publica un artículo de Ryu Spaeth titulado “La cultura de las armas de fuego ha sido siempre la esencia de la supremacía blanca” en el cual abona a esta campaña pseudo pacifista. (3)
El origen del derecho constitucional de que cada norteamericano pueda acceder a la compra de armamento libremente, es un derecho democrático que se remonta a las luchas democráticas que dieron origen a la nación norteamericana.

Que el estado burgués imperialista norteamericano no tenga el control absoluto del armamento es una gran conquista del pueblo yanqui. Ir contra ese derecho apoyando con argumentos “por izquierda” le hace un gran favor al estado burgués imperialista, uno de cuyos poderes fundamentales reside justamente en la posesión de ese armamento. No es el acceso al armamento el que provoca las masacres, es la tremenda violencia y alienación que soporta la sociedad yanqui, responsabilidad de las políticas de su clase dirigente imperialista y de un discurso xenófobo lanzado desde las entrañas mismas del poder.
Para terminar con el racismo, derrotar la xenofobia y la explotación capitalista
La lucha por los derechos democráticos de los migrantes en EEUU y sus derechos como trabajadores, es una pelea que debe unir a la clase trabajadora y a los defensores de los derechos humanos de EEUU y del mundo.

Tiene una importancia muy grande en las peleas de la clase obrera mundial contra el régimen capitalista imperialista, porque es una pelea en el corazón mismo del monstruo imperial y su debilitamiento favorece a la lucha de todos los pueblos del mundo.

Por eso existe una unidad entre la pelea por derrotar a todas las bandas supremacistas yanquis, a su mentor el presidente Trump, conquistar los derechos democráticos y sindicales que le son negados a los trabajadores latinos y pelear por derribar al cáncer de fondo de la sociedad norteamericana: el capitalismo decadente de demócratas y republicanos.

Frente a los ataques de la derecha, la lucha de las mujeres y por los derechos de género, de los migrantes, las huelgas docentes, el fenómeno de los “milenians socialistas”, nos llenan de un gran entusiasmo, a los que vemos en ellos una gran fuente de materia prima para crear una herramienta política que pelee por una sociedad distinta, sin racismo ni xenofobia, sin opresión a los migrantes, a las minorías raciales y de género, las mujeres, Gaztea, sin explotación capitalista para la mayoría y enormes riquezas para unos pocos, una sociedad socialista.

Gustavo Giménez

lis-isl.org