Financiación, pactos y nada de República Catalana
La propuesta de Hacienda para un nuevo modelo de financiación intenta sofocar las aspiraciones soberanistas con una inyección millonaria que, lejos de resolver la cuestión nacional, refuerza el control del Estado y beneficia a las élites, mientras Junts y ERC se disputan las migajas de la autonomía limitada que buscan por encima de su vacuo discurso de liberación. La única salida de fondo para Catalunya es la movilización y la organización por la autodeterminación y el socialismo.
Priorizan la gobernabilidad del autonomismo
El anuncio del Ministerio de Hacienda sobre una inyección adicional de 21.000 millones de euros para el modelo de financiación autonómica marca el inicio de 2026 con una nueva maniobra política del deteriorado liderazgo del presidente español Pedro Sánchez (PSOE). Bajo la promesa de un modelo “más equilibrado”, el Gobierno intenta cuadrar el círculo surgido a partir de sus promesas incumplidas: satisfacer las exigencias de ERC sin romper el marco del “café para todos”, una estrategia que busca apuntalar la gobernabilidad a costa de postergar indefinidamente las aspiraciones de autodeterminación. La propuesta central de Montero consiste en elevar la participación de las comunidades en el IRPF y el IVA hasta el 55% i el 56,5%, respectivament. Para Catalunya, esto se traduce en una supuesta “financiación singular” que reportaría unos 4.700 millones de euros adicionales. El objetivo es cumplir con el principio de ordinalidad -que Catalunya no pierda posiciones en renta per cápita tras su contribución al fondo común-, pasando de ser la décima comunidad en recibir recursos a la tercera. A pesar del optimismo oficial, siempre inflado cuando hace promesas, la viabilidad del plan es dudosa. El Gobierno necesita mayoría absoluta en el Congreso, una aritmética imposible sin el apoyo conjunto de Junts y el PP, o al menos de uno de ellos. Con Junts enmendando la totalidad de la propuesta por considerarla insuficiente y el cínico PP calificándola de “corrupción política”, el acuerdo corre el riesgo de quedar en papel mojado antes de llegar a las Cortes.
El arco iris del régimen y del sistema en las alturas
Pedro Sánchez despliega su habitual pragmatismo de supervivencia, utilizando la chequera del Estado para mantener a ERC dentro del redil constitucional. Per la seva banda, Oriol Junqueras (ERC) intenta vender el acuerdo como un éxito histórico (“todo el mundo gana”) para recuperar terreno electoral, aunque condiciona su apoyo a los Presupuestos Generales a que el Estado “desencalle” la recaudación total del IRPF por parte de la Generalitat, un compromiso que Montero sigue dilatando. Junts, conducido por el ex presidente Carles Puigdemont, se opone al pacto para disputar con ERC, ya que cuando estuvo en el Govern siempre buscó negociaciones similares con el poder central; a la par, en todos los terrenos, adopta posicionamientos reaccionarios similares a los de Alianza Catalana. Mentrestant, el PP y Vox denuncian un “chantaje separatista”, utilizando el conflicto para azuzar el nacionalismo español en sus propios territorios. Salvador Illa (PSC) actúa como el garante de esta nueva etapa de “normalización”. Su papel es el de un gestor que “suda la camiseta” para aplicar los acuerdos de investidura, pero siempre bajo la premisa de que la solidaridad catalana se mantenga dentro de los límites que marca el Estado central. Illa representa el retorno al orden autonómico, buscando anestesiar el conflicto político mediante la gestión técnica de los recursos. Todos se pelean duramente y disputan electoralmente, però, ninguno “saca los pies del plato” de las reglas impuestas por el régimen monárquico constitucional y el sistema capitalista.
Rajoy garrote, Sánchez zanahoria: dos tácticas para una misma estrategia
Estamos ante dos tácticas para un mismo fin. Si Mariano Rajoy utilizó el “garrote” del artículo 155 y la represión judicial para frenar al independentismo, Sánchez emplea la “zanahoria” de los acuerdos financieros y las concesiones parciales. Ambas estrategias comparten el mismo objetivo estratégico: preservar la unidad de España, el marco del régimen del ’78 y el poder monárquico. La consigna és clara: autonomía sí (y algo más financiada si es necesario), pero autodeterminación y república, jamás. Los acuerdos previos de Sánchez con ERC y Junts han tenido un resultado pésimo: el PSC se hizo con el poder institucional en Catalunya y el movimiento independentista fue traicionado, lo que ha facilitado el crecimiento de opciones de extrema derecha como Aliança Catalana. La política de pactos en las alturas no ha traído una solución, sino una desmovilización que la derecha y la ultraderecha están capitalizando.
El desastre de la unidad con la burguesía y sus cómplices
Un cop més, en este caso con el proceso catalán, se ha demostrado que es un error trágico y/o una política pérfida para la izquierda y los movimientos sociales buscar la unidad con las distintas expresiones de la burguesía catalana o con quienes pactan con ella para gestionar las migajas del Estado. Pactar con ellos es aceptar las reglas del juego del capitalismo español y renunciar a una transformación estructural revolucionaria de la sociedad. Es algo sobre lo que también tendría que reflexionar la dirección de la CUP, que aunque mantiene un discurso de apoyo a las luchas y por la autodeterminación, va de bandazo en bandazo, con orientaciones complacientes con ERC, Junts y toda clase de reformistas. a conseqüència, lamentablemente sigue retrocediendo como alternativa anticapitalista consecuente. La historia también sigue demostrando que los presentados como “grandes logros” parciales no acercan a la autodeterminación, por el contrario consolidan el statu quo vigente. No son pasos adelante, cimentan la continuidad del régimen moldeado por el franquismo y la transición.
La única salida: autodeterminació i socialisme
La salida a este laberinto no vendrá de una reforma de la financiación autonómica ni de mesas de diálogo que solo sirven para ganar tiempo. La verdadera emancipación solo es posible a través de la pelea única por la autodeterminación y el socialismo. Esto requiere una estrategia independiente de los gobiernos y partidos de la burguesía, ya sea española o catalana. Solo una clase trabajadora organizada, que dispute el poder al pueblo y se desprenda de las ilusiones institucionalistas, podrá romper las cadenas de la monarquía y el capital, construyendo una alternativa que no se venda por unos millones más en el presupuesto del Estado. Desde SOL opinamos que la CUP, Anticapitalistas y otras fuerzas que nos reivindicamos socialistas revolucionarias deberíamos convocar a realizar un amplio debate democrático para reformular una estrategia revolucionaria y socialista en común para Catalunya, partiendo de apoyar las luchas de los trabajadores por salarios, millors condicions laborals, vivienda digna y otros derechos postergados, siempre desde la independencia de clase.
