Julio Iglesias: al amparo de la justicia burguesa y patriarcal
Las denuncias en su contra fueron archivadas por la Fiscalía de España por considerar que no existe jurisdicción para la investigación. Una vergüenza institucional repetida.
El caso de las denuncias contra Julio Iglesias ha vuelto a poner sobre la mesa la realidad que enfrentan las mujeres trabajadoras, especialmente las migrantes, frente al poder económico y la estructura patriarcal. Mientras la maquinaria de relaciones públicas del cantante intenta sostener su imagen de “ídolo internacional”, los testimonios de ex empleadas revelan un entramado de violencia sexual, explotación laboral y desprecio por los derechos humanos más elementales.
Agresiones y un sistema de servidumbre moderna
Según investigaciones recientes publicadas por elDiario.es, dos antiguas trabajadoras de las mansiones de Iglesias han denunciado haber sido víctimas de agresiones sexuales por parte del cantante. Los relatos describen un patrón de abuso de poder donde el artista aprovechaba su posición de superioridad absoluta para someter a las mujeres que trabajaban en su entorno privado.
Pero el horror no termina en la violencia sexual. La investigación revela que Iglesias trasladó a empleadas desde el extranjero a sus fincas en España bajo condiciones que rozan la semi esclavitud: visados de turista para eludir la legislación laboral, ausencia de contratos legales y sueldos de miseria que apenas alcanzaban los 340 euros mensuales. Estamos ante un modelo de explotación colonial y de clase, donde el millonario utiliza a las mujeres trabajadoras como objetos de usar y tirar, despojándolas de sus derechos mediante el chantaje de la irregularidad administrativa.
La justicia patriarcal: archivo e impunidad
Pese a la gravedad de los testimonios y las pruebas de irregularidades laborales, la Fiscalía ha decidido archivar la denuncia presentada contra el cantante, cuando hace falta una investigación independiente del poder. Este movimiento no es una sorpresa para quienes militamos en el feminismo de clase, la lucha no es solo por justicia individual para estas dos mujeres, sino por un cambio sistémico. El archivo de la causa demuestra, una vez más, que la justicia burguesa está diseñada para proteger a los poderosos y castigar a las víctimas, especialmente si estas son mujeres, migrantes y pobres.
El sistema judicial español vuelve a fallar a las mujeres al no considerar el contexto de coerción y vulnerabilidad extrema en el que se encontraban las empleadas. Para el Estado, du “consentimiento” parece ser una abstracción que ignora las jerarquías de poder brutales que existen en una mansión de lujo donde el empleador es un multimillonario con influencias políticas y mediáticas. El régimen del 78, modelado por el franquismo y legitimado por la transición, es una maquinaria de defensa del capitalismo patriarcal y para aplastar derechos democráticos del tipo que sean
Romper el silencio para transformar el sistema
Desde Socialismo y Libertad (SOL) y Juntas y a la izquierda nos solidarizamos con las trabajadoras que han tenido la valentía de alzar la voz contra uno de los intocables del régimen. Este caso no es un hecho aislado de la “farándula”, es la expresión cruda de cómo el capitalismo y el patriarcado se retroalimentan: el dinero compra el silencio y la precariedad facilita la agresión.
No basta con reformas parciales. Necesitamos una transformación de raíz que garantice papeles para todas, el fin de la precariedad en el empleo doméstico y tribunales que no respondan a los intereses de la élite. La impunidad de Julio Iglesias es la impunidad de un sistema que permite que los cuerpos de las trabajadoras sean tratados como mercancía.
¡Basta de justicia patriarcal! ¡Papeles para todas y protección real frente al abuso patronal! ¡Que el patriarcado y el capitalismo caigan juntos!
