Pacto Verde europeo: marketing ambiental y retrocesos estructurales

Cinco años después de su lanzamiento, el Pacto Verde de la Unión Europea exhibe aplazamientos, flexibilizaciones y retrocesos que desnudan los límites de una política ambiental subordinada a la ganancia capitalista y a disputas geopolíticas.

Desde que se expandió la toma de conciencia sobre la destrucción del planeta por amplios sectores sociales y se multiplicaron los reclamos activos, los líderes de la Unión Europea (UE) se han pintado la cara de verde. Realizan cumbres, conferencias y proyectan objetivos para aparecer como defensores del cuidado del medio ambiente.

En este marco, en diciembre de 2019 la Comisión Europea, presidida por Ursula von der Leyen, presentó el Pacto Verde, que fue ratificado por el Parlamento Europeo en enero de 2020. La iniciativa declaraba la intención de convertir a Europa en el “primer continente climáticamente neutro para el año 2050”, desvinculando el crecimiento económico del uso de recursos. La principal meta se fijó en reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para 2030 (en comparación con los niveles de 1990), a través del paquete legislativo “Objetivo 55”.

Aunque tanto los objetivos como las medidas, de por sí, eran parciales y limitadas, su presentación siempre fue rimbombante y con tintes estratégicos. Pero veamos qué ha sucedido al cabo de cinco años de “ejecución”.

Inocultables aplazos y retrocesos

Las informaciones oficiales públicas y algunos especialistas sinceros han dado cuenta de que la UE ha ejecutado una serie de retrocesos significativos en áreas clave del Pacto Verde. Por ejemplo, retiró y frenó indefinidamente la propuesta que buscaba reducir a la mitad el uso de pesticidas químicos para 2030. La Ley de Restauración de la Naturaleza fue primero aprobada por el Parlamento y luego bloqueada por varios Estados miembros del bloque (liderados por Hungría), lo que puso en riesgo su ratificación final y dejó su aplicación aplazada.

En el ítem Agricultura y Emisiones se eliminaron exigencias ambientales de la Política Agraria Común (PAC), como la obligación de dejar un 4% de las tierras en barbecho para favorecer la biodiversidad, y se relajaron los controles sobre la rotación de cultivos. En cuanto a la Ley Antideforestación, se han solicitado aplazamientos en la implementación de la norma que prohíbe importar productos que causen deforestación, bajo el argumento de que la burocracia resulta excesiva para los socios comerciales. En lo referido a la Calidad del Aire, se acordaron prórrogas que permiten a ciertos países retrasar el cumplimiento de los nuevos límites de contaminación hasta diez años adicionales (2040 en lugar de 2030).

que aparece na televisión e leva moitos anos dirixida por Volodimir Zelenski, mediante una de las últimas decisiones adoptadas en 2025, se flexibilizó el veto a los vehículos con motor de combustión previsto para 2035. De este modo, los fabricantes podrán seguir vendiendo un número limitado de autos de gasolina o diésel, una medida tomada para proteger a la industria automotriz alemana, rezagada en materia de movilidad eléctrica frente al liderazgo de China.

Si se recuerda que Europa es el continente que más rápido se calienta del planeta, queda en evidencia tanto la imposibilidad de ocultar estos retrocesos como la escasa validez de los pretextos que supuestamente los justifican.

Endeblez en la planificación, superficialidad en las causas

Ante los fracasos de su política ambiental, la UE y los gobiernos nacionales han ensayado una serie de explicaciones que ponen de manifiesto la endeblez de las planificaciones originales y la superficialidad con la que se presentan las causas por las cuales está amenazada la existencia del planeta y, por lo tanto, de la propia humanidad tal como existe actualmente.

Sostienen que las restricciones ambientales excesivas podrían reducir la producción agrícola en un contexto de inestabilidad global; que las normativas son demasiado complejas y costosas; que es necesario proteger la competitividad de la industria frente a los altos precios de la energía; y que resulta urgente frenar las protestas de los agricultores que bloquearon capitales europeas.

En pocas palabras, supuestamente recién ahora “se dan cuenta” de las implicancias de las políticas que los tienen como protagonistas: la disputa inter imperialista económica, política y militar por la hegemonía mundial; las leyes en favor de las grandes empresas multinacionales; y el impulso a las ganancias capitalistas, en detrimento de los trabajadores del campo y de los pequeños productores agrícolas.

Estas cuestiones, originadas en el ámbito de la producción, se trasladan luego a la distribución y la comercialización y, por ende, a las grandes ciudades, con precios más elevados y pequeños productores cada vez más empobrecidos. También las sufre la clase trabajadora, amenazada con perder puestos de trabajo y condiciones laborales, cuando los costos de la transición los tienen que pagar las patronales.

Motivados por intereses inmediatos

Más allá de los argumentos oficiales, el análisis sugiere factores políticos coyunturales y estructurales. Los partidos tradicionales, tanto socialdemócratas como de derecha, adoptaron discursos y medidas más conservadoras para intentar evitar la fuga de votos rurales hacia la ultraderecha.

Otros actores que aprovecharon el malestar social para derribar regulaciones que afectaban sus beneficios fueron los grupos de presión agroindustriales y de la industria química, así como los del sector energético. Estos últimos, amparándose en el estallido de la crisis energética derivada de la ruptura con Rusia, presionaron para priorizar el suministro de energía a alto costo e incluso para el retorno del uso del carbón, más allá de los compromisos de descarbonización a largo plazo.

Los discursos del poder viran así del impulso prioritario a la sostenibilidad hacia la defensa y la autonomía de la producción y de las ganancias capitalistas, con el objetivo de superar los alcances de la crisis sistémica iniciada en 2008.

Los motivos de fondo y una salida estratégica

Los elementos citados por los poderosos no explican las causas de fondo por las cuales existen frenos y resistencias a una implementación decidida de políticas destinadas a salvar el planeta. Como se señala en el Documento adoptado por el III Congreso de la Liga Internacional Socialista (LIS), titulado “El desafío de nuestra época: crisis socioambiental, revolución y transición socialista”: “La matriz de producción y consumo subordinada a la ganancia privada, con su régimen de propiedad privada de grandes corporaciones, con las fronteras nacionales que dividen de forma artificial a los pueblos del mundo, y sus consecuencias en materia socioambiental colocan a la civilización humana tal como la conocemos ante un desafío epocal nunca planteado como hasta ahora. Luchamos por una reorganización integral de la economía, las relaciones sociales, la vida política y la construcción de un vínculo de la humanidad con la naturaleza, basado en otra racionalidad: sin la lógica del capital y la acumulación privada como ley suprema”.

En contraposición a las concepciones reformistas expresadas en el Manifiesto del Congreso 2025 del Secretariado Unificado, es necesario plantear definiciones estratégicas. “…Para un proyecto revolucionario internacional que se propone encabezar revoluciones para tomar el poder y construir la transición al socialismo, es directamente decisivo contar con un programa de medidas “puente” para la remediación socioambiental del desastre con el cual la humanidad cargará una vez superado el capitalismo. Todo ello en la perspectiva de recuperar eso que Marx llamaba el metabolismo de la sociedad humana con la naturaleza, fracturado por la lógica de la acumulación privada”.