Falta una nueva dirección política

El independentismo dividido perdió la mayoría parlamentaria. El pueblo lucha por la República.  Las diferencias se certificaron en la última sesión parlamentaria que debía votar la política general. JxCat y ERC se habían puesto de acuerdo en permitir el voto delegado de Carles Puigdemont, Jordi Turull, Jordi Sánchez y Josep Rull (JxCat).

Los letrados consideraron ilegal esa fórmula y recomendaron adoptar la ya aprobada por el pleno mediante la cual Oriol Junqueras y Raúl Romeva (ERC) designaron a Sergi Sabrià, como sustituto en la Cámara. Finalmente, la Mesa revocó el pacto inicial con los votos de ERC y PSC y el independentismo perdió la mayoría propia.

Como consecuencia del nuevo escenario, no se aprobaron propuestas por la autodeterminación ni por la reprobación al consejero de Interior Miquel Buch, por las cargas de los Mossos D´Esquadra en las últimas manifestaciones.
En una primera instancia el pleno rechazó la reprobación al Rey por su discurso del 3 de octubre del año pasado frente al Referéndum del 1-O. Luego fue aprobada una propuesta condenatoria y pidiendo disolver la monarquía, pero en este caso presentada por CatComúPodem, en la que se había eliminado la mención a la independencia. Los escaños de este agrupamiento adquieren una nueva relevancia.

Esto ha provocado una violenta reacción política de Pedro Sánchez en defensa de la monarquía, ya que prometió “medidas legales” contra el Parlament y actuar “en defensa de la legalidad, la Constitución y las instituciones del Estado”.

Como consecuencia del nuevo escenario, no se aprobaron propuestas por la autodeterminación ni por la reprobación al consejero de Interior Miquel Buch, por las cargas de los Mossos D´Esquadra en las últimas manifestaciones.

La sesión ha generado debates sobre el rumbo de los dirigentes. Lo primero es preguntarse ¿A quién hay que responsabilizar por lo que sucede en Catalunya? El dedo sólo puede señalar en una dirección: el régimen del ´78. El 21-D M.Rajoy y el 155 fueron derrotados cuando los partidos independentistas quedaron en condiciones de investir a Carles Puigdemont como President. Pero esto no sucedió por las arbitrariedades “legales” de Llarena.

La “democracia ejemplar” batió un récord: en menos de un año se cargó dos mandatos de las urnas: 1-O y 21-D. Esta realidad, sumada a la existencia de diputados que están presos o exiliados, falsamente acusados por “rebelión violenta”, provoca una situación de anormalidad en las instituciones catalanas, que el presidente Pedro Sánchez se encarga de mantener.

Dicho esto, no se pueden justificar todas las decisiones políticas bajo el paraguas del ataque del régimen, que sin duda va a continuar. Cabe preguntarse entonces ¿Qué rol cumplen los dirigentes de los partidos mayoritarios en el Govern y en el Parlament? Desde nuestro punto de vista, están dilapidando la confianza y el mandato popular.

ERC, JxCat-PDeCAT fueron empujados hacia la declaración de la República Catalana por el pueblo movilizado. Luego encerraron la autodeterminación en el limbo de la suspensión sin plazo. Y aunque volvieron a ser apoyados masivamente y colocados en situación de gobernar unidos, no lo hicieron.

Esto no va a durar para siempre, por eso es necesario definir sin ambigüedades entre autonomismo o República, sumisión o desobediencia. Es urgente el reagrupamiento amplio de fuerzas consecuentes,

En el discurso reafirman el objetivo de la República, en los hechos, la dilatan, la esquivan y apuntan al autonomismo. ERC somete su accionar a los dictámenes del régimen y a especulaciones electorales, defendiendo un consenso utópico con los representantes del Estado español, bajo la forma de diálogo para un referéndum pactado, con mediación internacional.

El destino del President Quim Torra (JxCat) también está en debate, por no hacer efectiva la República, por la represión de los Mossos en las manifestaciones y por el nuevo escenario legislativo. Ya hubo reclamos de  CDRs que pidieron su dimisión y de la ANC que fijó un plazo antes de retirar su apoyo.

¿Y qué hacen abajo? Del proceso Constituyente no hay rastros, de la apelación al apoyo internacional de la clase trabajadora y los pueblos? tampoco. ¿Cómo se estaría preparando el nacimiento de la nueva República? Con la mediación del Papa, Trump y otros líderes mundiales de la opresión, como pidió Torrá, seguro que no. Es un hecho que no preparan a la población ni política ni organizativamente para nuevos choques con los opresores.

Así y todo, el pueblo catalán mantiene vivo su reclamo. Con la Diada de más de un millón de personas el 11-S convocada por la ANC, con los actos reivindicativos del 30-S, con los 200 mil movilizados el 1-O con un rol protagónico de los CDR, con el enfrentamiento a las acciones fascistas y con la inquebrantable voluntad por la libertad de los presos políticos y exiliados.

Esto no va a durar para siempre, por eso es necesario definir sin ambigüedades entre autonomismo o República, sumisión o desobediencia. Es urgente el reagrupamiento amplio de fuerzas consecuentes, con la base de los partidos que rechazan el rumbo de sus dirigentes, con los CDR, con los colectivos feministas, sociales y culturales.

La CUP tiene el programa que se requiere para dar el puntapié inicial de un llamado de este tipo. Está por delante una tarea colectiva de primer orden, apartar a los dirigentes que traicionen y emprender la construcción de una nueva dirección política.

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