Barcelona: que siga la T-10

Las medidas anunciadas para el transporte perjudican a un importante sector de la población.  La semana pasada la alcaldesa Ada Colau y conseller de Territori Damià Calvet anunciaron juntos la puesta en funcionamiento de nuevos billetes de Metro. Calvet ha evaluado que: el usuario habitual resultará beneficiado, la medida impulsará a más ciudadanos a optar por el transporte público y se reducirá el número de coches. Según ha dicho, tendrá un impacto tan grande que “Beneficiará al usuario, al país y al planeta”.

Por su lado Colau ha presentado la medida afirmando que la T-Casual “Es una revolución tarifaria” que supone “una tarifa plana”, “Por poco más de lo que vale un café al día tenemos viajes ilimitados. Es la revolución que hoy presentamos. Supone un cambio de hábito”. «En término medio, el ahorro será de un 25% para el usuario habitual».
En el acuerdo para la modificación están involucradas las autoridades del Ayuntamiento de Barcelona (En Comú Podem-PSC) y la Generalitat de Catalunya (JxCat-ERC), quienes presentan la decisión como un avance de bajo costo. La cuestión es que no parece haber la misma valoración por parte de muchos de los usuarios cotidianos del transporte AMB.

…el reemplazo de la T-10 se trata de un ajuste al bolsillo de los pasajeros más humildes.

La T-10 será reemplazada por la T-casual y la T-usual. La implementación de la T-casual aumentará el precio con respecto al billete anterior y será unipersonal, con lo cual las personas que no viajen todos los días por tener trabajos esporádicos o discontinuos y/o tengan familia numerosa se verán perjudicadas. La puesta en vigencia de la T-usual implica una disminución de precio comparada con la T-Mes, con lo cual las personas que viajen todos los días se verán favorecidas. Pero no se trata de una simple ecuación de sumas y restas, más allá de cómo presenten el reemplazo de la T-10 se trata de un ajuste al bolsillo de los pasajeros más humildes.

La T-10, utilizada por más de un 57% de la población se encarece en más de un 11%. Además, ya no podrá ser utilizada por todo el grupo familiar como sucede en la actualidad, porque será reemplazada por otra más cara y de uso exclusivamente individual. Si bien el incremento deberá aprobarse en el consejo de administración de la ATM, ente compuesto el 51% por la Generalitat, el 25% por el Ayuntamiento de Barcelona y el 24% por el Área Metropolitana de Barcelona, es claro que los acuerdos de gobierno que sostienen perjudicarán a un sector importantísimo de la población, que no tuvo la oportunidad de opinar al respecto ya que no fue consultado.

Desde antes de que se iniciara la crisis económica en 2008, el precio del billete T-10 ha aumentado más de un 57%, mientras que los salarios se han mantenido con el mismo valor, y en muchos casos sufrieron recortes y/o fueron congelados durante el mismo periodo de tiempo. Encima quieren subir el pasaje sin mejorar el servicio, en el Metro la infraestructura está en pleno deterioro: hay goteras y charcos cuando llueve, hace un calor insoportable en las estaciones y a los trabajadores no le reconocen los perjuicios que sufren por la existencia de amianto.

El malestar de muchos usuarios ya ha comenzado a manifestarse…

Estamos a favor de tomar medidas para proteger el medio ambiente y mejorar la movilidad, pero no a costa de ajustar a los más pobres. Por eso, rechazamos la desaparición de la T-10, si quieren favorecer a los pasajeros que la mantengan y también implementen a más bajo precio la T-usual. El malestar de muchos usuarios ya ha comenzado a manifestarse en las redes sociales y existe una campaña en la plataforma Change.org que aspira a recoger 5.000 firmas para pedir el retorno de la T-10 y la eliminación de su sustituta, la T-casual. El texto de la denuncia asegura que “esta nueva tarjeta supondrá un aumento del coste del transporte público para los usuarios esporádicos. Con las nuevas tarifas, esta tarjeta pasará de costar 10,20 euros a 11,35 euros”.

Para proteger al medio ambiente hay que tomar medidas de fondo, porque el que destruye el medio ambiente es el capitalismo, no el usuario de la T-10. Hay que cobrarles impuestos progresivos a las grandes empresas y sus medios de transporte, diseñar un plan de movilidad para la Ciudad en base a los criterios de sostenibilidad ecológica y los apoyos de desplazamiento diario para las zonas urbanas e interurbanas, ampliando recorridos y frecuencias, con un Metro barato, autobuses y vehículos privados y oficiales eléctricos. Es necesaria la remunicipalización del servicio de transporte bajo control de sus propios trabajadores, vecinos y usuarios. Las fórmulas de prestación pública y privada mixtas sólo sirven para favorecer las ganancias empresariales sin mejorar las condiciones de transporte de las grandes mayorías de los trabajadores y el pueblo.

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