Pakistán: 38° Congreso de La Lucha. Un nuevo avance de la LIS

Por Alejandro Bodart, dirigente del MST y coordinador de la LIS.

lis-isl.org

Estoy volviendo de Lahore, Pakistán, donde participé del 38° Congreso de la organización revolucionaria La Lucha el 13 y 14 de marzo. A pesar de las dificultades de viajar en medio de la pandemia del coronavirus, la visita valió la pena, habiendo logrado un nuevo paso adelante en la construcción de nuestra Liga Internacional Socialista. La Lucha es la principal organización de la izquierda de Pakistán. Tiene una extensión nacional con presencia y peso político en las diversas regiones del país. Su corriente sindical, llamada Campaña de Defensa Sindical, agrupa dirigentes y militantes de decenas de sectores, desde metalúrgicos y ferroviarios a docentes y médicos. Su Frente Estudiantil Revolucionario encabezó la rebelión estudiantil de 2019 que comenzó a recuperar los centros de estudiantes que la dictadura de Zia ul-Hac prohibió en 1985. Está representada en el parlamento nacional por su compañero Ali Wazir, dirigente del Movimiento de Defensa Pashtoon que protagonizó una verdadera pueblada el año pasado.


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La historia de Pakistán, con sus 200 millones de habitantes, es inseparable de la del resto del subcontinente indio, marcada por la división artificial impuesta por el Imperio Británico. Por eso, la política de La Lucha supera las fronteras del país, abarcando a India, Bangladesh, así como los vecinos Irán y Afganistán. Pero el viaje nos permitió conocer a esta organización a un nivel más profundo. Se trata de un grupo sólido y dinámico, con dirigentes jóvenes y numerosos cuadros que construyen partido revolucionario e intervienen en la lucha de clases a lo largo y ancho del diverso y complejo escenario político paquistaní, destacándose su importante organización juvenil en la complicada zona ocupada de Jammu-Kashmir.

La relación que mantenemos con La Lucha desde que fundamos la LIS tuvo un primer hito en agosto de 2019, cuando uno de sus principales dirigentes, el joven Imran Kamyana viajó a Turquía para participar del campamento juvenil que organizamos. En aquel momento coincidimos en que teníamos importantes acuerdos en cómo veíamos la situación mundial, en la necesidad de construir partidos revolucionarios y una organización internacional, y en que debíamos avanzar en desarrollar una relación política y colaboración internacional hacia la conformación de una organización común. En esta ocasión, dimos un nuevo paso muy importante en esa dirección ya que los compañeros han definido participar activamente en nuestro primer Congreso Mundial a realizarse en setiembre de este año.

 El Congreso que acaba de concluir fue, según los compañeros, el más complejo de su historia, y significó el comienzo de una nueva etapa para su organización. Días antes de su inicio, falleció su fundador y principal dirigente, Lal Khan, víctima del cáncer contra el que venía luchando en los últimos años. Además, la negativa del Estado a conceder el permiso legal para realizar el evento hasta último momento y la pandemia del coronavirus impusieron serios obstáculos. A pesar de todo, cerca de 2000 compañeros, provenientes de todas las regiones y de los extremos más lejanos del país, algunos viajando hasta cuatro días para llegar, llenaron el auditorio público más grande de Lahore. Allí dedicaron la primera sesión a Lal Kahn, remarcando su historia, legado y lecciones, así como los desafíos que su ausencia significan para la organización, sus cuadros y militantes.


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La segunda sesión debatió la situación internacional, en la que la compañera Gökçe Sentürk del SEP de Turquía aportó nuestro análisis sobre la lucha de clases en Medio Oriente y nuestro trabajo político en esa región clave. Y yo compartí la agitada experiencia política del ascenso en Latinoamérica y desarrollé nuestra elaboración sobre los cambios que se vienen dando en la realidad mundial, además de por qué era necesario agruparnos en torno de la LIS.

El segundo día, el Congreso debatió la situación de Pakistán y la orientación de La Lucha, antes de votar su dirección nacional y cerrar cantando La Internacional. Al día siguiente profundizamos la discusión sobre la propuesta de la LIS con el Comité Central recientemente electo. Con gran alegría, constatamos que tenemos un alto grado de acuerdo con los compañeros sobre la necesidad de avanzar en una construcción internacional superadora de las corrientes en que se dividió el trotskismo desde la postguerra hasta la actualidad. Acordamos impulsar conjuntamente campañas internacionales y los compañeros se comprometieron a comenzar a publicar en urdu sus elaboraciones en nuestra página web y a traducir en su lengua los principales artículos y declaraciones de la internacional.

Este nuevo paso, que se suma a los avances que venimos realizando en distintos países y regiones nos confirma las enormes oportunidades de poner en pie una dinámica organización internacional a partir de las elaboraciones y conclusiones que dieron surgimiento a la LIS. En medio de una situación internacional cada día más dinámica y donde el capitalismo muestra su cara más monstruosa, su crisis y decadencia, encontrarnos con revolucionarios que piensan como nosotros a tantos kilómetros de distancia nos hace ser cada vez más optimistas y nos renueva las fuerzas.


Reflexiones de Awais Qarni, dirigente nacional de La Lucha

Alejandro Bodart junto a Imran Kamyana (izquierda) y Awais Qarni

Hoy la nueva tendencia neo-fascista gobierna en Pakistán. El actual primer ministro Imran Khan no es distinto a Modi, Trump o Bolsonaro. En 2013, el partido que representa a la burguesía tradicional, la Liga Musulmana Pakistaní (PML), ganó las elecciones. Poco después de las elecciones, tuvieron problemas con el «Estado profundo» -la ISI (Dirección de Inteligencia Inter-Services) y otras agencias de inteligencia- y chocaron con las potencias imperialistas. El primer ministro de entonces, Nawaz Sharif, negociaba con China y quería abrir el comercio con India. Además, el rey carnicero de Arabia Saudí Abdullah bin Salman le pidió apoyo a Pakistán para su incursión en Yemen, y Sharif lo rechazó.

Los intereses del Estado eran distintos a los de Sharif y la PML, entonces el Estado aprovechó la corrupción y los Panama Papers para bajar a Sharif e impulsaron la figura de Imran Khan, apoyado por un jefe de la ISI llamado Hamid Gul, quien fue el arquitecto del yijadismo afgano. Gul creó el partido de Imran Khan, el Movimiento por la Justicia (PTI), e impulsó su campaña, también financiada por sectores terratenientes y de la burguesía financiera y respaldada por el Estado.

Imran Khan ganó las elecciones en 2018 y ahora es primer ministro, aunque el verdadero primer ministro es el jefe de la Fuerzas Armadas. Imran Khan no puede dar un paso sin supermiso. El Estado actual es neofascista; censuran todo, encarcelan opositores, no se puede disentir. Pero los trabajadores, las mujeres y la juventud no aceptan esta opresión. Desde que asumió Imran Khan, ha implementado todo el programa del FMI. El ministro de finanzas es empleado del FMI. Recortaron el 50% del presupuesto de educación superior, avanzan en privatizar los hospitales públicos, la aerolínea y los trenes. El resultado ha sido devastador para los trabajadores: la economía ha colapsado, ha habido una fuerte devaluación e inflación. Al primer ministro ahora le dicen «U-turn» Khan, porque ha pegado una vuelta en «u» en todo lo que dijo en campaña. Hay una creciente frustración con su gobierno y una incipiente resistencia, especialmente de los estudiantes, que luchan por restaurar los centros de estudiantes que están prohibidos desde 1984. Organizamos protestas de miles de estudiantes contra esa prohibición en noviembre del año pasado, 27 marchas en 25 ciudades en un sólo día, y comenzamos a avanzar. En una provincia ya se levantó la prohibición.

Los trabajadores están resistiendo también. Los médicos están realizando grandes huelgas contra una ley de privatización de hospitales en Punjab. Los docentes y profesionales de la salud protestan por salario. Las luchas están esparcidas y no unificadas, pero hay potencial.

La cuestión nacional está al rojo vivo. Pakistán, como Lenin decía de Rusia, es una prisión de nacionalidades oprimidas. El movimiento Pashtoon que estalló estos años le ha dado energía a todos los movimientos. Nosotros somos parte desde hace mucho y uno de sus dirigentes, Ali Wazir, es compañero nuestro. Es un movimiento espontáneo, que estalló en una región y nosotros intervenimos para expandirla nacionalmente. Fue un gran logro la primera movilización del Movimiento de Defensa Pashtoon (PTM) que organizamos afuera de la provincia, en Lahore, en la provincia de Punjab, considerada la nacionalidad más opresiva. Después, el PTM movilizó por todo el país, y ha inspirado otros movimientos y tenido que responder a una feroz represión estatal. El Estado empuja con su agenda neoliberal a las masas continuamente contra la pared. Una vez que no quede más espacio detrás suyo, van a responder contra el sistema y lo van a destruir. Hay una tendencia revolucionaria por abajo. Se notó en el movimiento estudiantil, que levantó consignas como «Asia va a ser roja» y «las voces del 69 sonarán nuevamente».

La Lucha interviene a través de sus frentes. La Campaña de Defensa Sindical (PTUDC) que impulsamos y coordina diversas luchas sindicales, tiene un impacto importante en muchos gremios. Reúne dirigentes y activistas de sindicatos del acero, ferroviarios, eléctricos, docentes, de la salud, entre otros. Luchamos contra las privatizaciones, exigimos que el salario mínimo se equipare a 12 gramos de oro, que valían menos que el salario mínimo en 2003, mientras ahora el salario mínimo es de 17.500 roopies y los 12 gramos de oro 60 a 70.000. Nuestro Frente Estudiantil Revolucionario encabezó la formación de un Comité de Acción Estudiantil nacional con 17 organizaciones que coordinó las movilizaciones por los centros de estudiantes el año pasado. También en 2019, nuestro compañero Ali Wazir se presentó como candidato independiente y fue electo a la Asamblea Nacional por su provincia.

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