Ceuta: la vida de las personas vale más que los muros de la «Europa fortaleza»

Mientras miles de personas desesperadas intentaban llegar a Ceuta, el Mediterráneo y el Estrecho volvieron a convertirse en una fosa común. Hasta el momento se recuperaron 67 cadáveres, pero todo indica que habrá más aún. Frente al drama humano, la respuesta de los gobiernos europeos es más militarización, expulsiones y xenofobia. La única salida es enfrentar las políticas reaccionarias de la Unión Europea y luchar por una respuesta basada en la solidaridad y los derechos de las personas migrantes.

Por Rubén Tzanoff

Una frontera convertida en cementerio

La crisis migratoria desatada en Ceuta leva un saldo parcial de 67 cadáveres recuperados por los equipos de rescate. Se estima que fueron 50.000 las personas que cruzaron o intentaron cruzar la frontera desde Marruecos por tierra o mar en pocas horas y el mar volvió a exhibir el costo humano de las políticas fronterizas del bloque de los imperialistas europeos. Los equipos de rescate recuperaron numerosos cadáveres en las playas y aguas próximas a Ceuta, mientras continuaban las tareas de búsqueda de desaparecidos. Muchas familias siguen sin conocer el destino de sus seres queridos y se teme que el número real de víctimas sea superior al confirmado oficialmente.

Detrás de cada cuerpo recuperado hay una historia de pobreza, guerras, persecuciones, crisis climáticas y saqueo imperialista. No murieron por un accidente inevitable. Murieron porque la Unión Europea ha convertido sus fronteras exteriores en un sistema de disuasión donde el alto riesgo de muerte forma parte del funcionamiento real de la política migratoria. Cabe señalar que según datos del Ministerio del Interior 48.000 personas fueron inmediatamente retornadas a Marruecos. Las cifras son cinco veces superior a las registradas durante la crisis de mayo de 2021 y convierten este episodio en la mayor entrada masiva de personas migrantes registrada hasta ahora en la ciudad autónoma.

La solidaridad contra el odio

La tragedia también ha vuelto a poner de manifiesto una fuerte polarización política y social. En Ceuta el líder de Se Acabó La Fiesta (SALF), Alvise Pérez, acompañado por el agitador ultra Vito Quiles, y militantes del grupo neonazi Núcleo Nacional convocaron concentraciones xenófobas, buscando capitalizar políticamente la situación. Sin embargo, se encontraron con una respuesta firme de numerosos vecinos y vecinas que defendieron la convivencia y rechazaron la instrumentalización del sufrimiento de las personas migrantes. con lo cual obligaron a que la Policía Nacional evacuara a los dirigentes y militantes ultras hasta el puerto. La movilización mostró que frente al odio y la provocación existe una respuesta solidaria y popular que reivindica la unidad de la clase trabajadora y la defensa de una Ceuta sin racismo ni fascismo.

En distintos puntos del Estado español aparecieron expresiones de solidaridad de vecinos, voluntarios y organizaciones sociales que prestaron ayuda humanitaria y denunciaron la pérdida de vidas humanas. Pero al mismo tiempo crecieron las expresiones de odio alimentadas por la extrema derecha, como ya sucedió gravemente en Torre Pacheco. Grupos fascistas aprovecharon la crisis para organizar acciones de hostigamiento y persecución contra personas migrantes, mientras proliferaban campañas xenófobas que buscan convertir a quienes huyen del hambre y la guerra en enemigos internos y responsables de las carencias que en realidad genera el sistema capitalista. La lucha contra el racismo no puede reducirse a una condena moral. Es una pelea política contra quienes utilizan el miedo para dividir a la clase trabajadora y fortalecer proyectos reaccionarios.

La doble cara de Pedro Sánchez

El presidente español intenta presentarse como defensor de los valores europeos frente a la derecha continental. Criticó la falta de solidaridad de varios gobiernos europeos y denunció el egoísmo de quienes atacaron a España durante la crisis. Sin embargo, ese discurso apenas puede disimular una realidad evidente. El mismo gobierno que reclama solidaridad europea presume de haber recuperado el control fronterizo en menos de 48 horas y de haber repatriado a la inmensa mayoría de las personas que lograron entrar al país.

España continúa desempeñando el papel de guardián de la frontera sur de la Unión Europea. Mantiene acuerdos con Marruecos para contener la migración, sostiene dispositivos policiales y militares cada vez más duros y aplica políticas de devolución que niegan, en la práctica, el derecho de miles de personas a solicitar protección. No existe contradicción entre el discurso humanitario del Gobierno y la represión en la frontera. Ambas forman parte de la misma política: administrar la migración sin cuestionar el régimen europeo de fronteras.

El verdadero rostro de los gobiernos europeos

Lejos de impulsar un reparto solidario de las personas refugiadas y migrantes entre todos los países miembros, veintidós gobiernos de la Unión Europea respondieron exigiendo aún más endurecimiento. La carta impulsada por esos gobiernos reclama reforzar Frontex, acelerar las expulsiones, combatir la inmigración irregular, fortalecer la cooperación con Marruecos y eliminar lo que consideran «factores de atracción». En lugar de debatir sistemas de acogida o políticas de integración, la prioridad fue blindar las fronteras y acelerar las deportaciones. El mensaje político resulta inequívoco: para las principales potencias europeas, el problema no son las personas que mueren intentando llegar, sino que algunas logren sobrevivir.

Meloni: punta de lanza anti inmigrante

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, volvió a situarse al frente de la ofensiva reaccionaria. Su gobierno promovió la carta firmada por veintidós países reclamando una respuesta mucho más dura frente a la migración y decidió restablecer controles sobre los viajeros procedentes de España, tensando incluso el funcionamiento del espacio Schengen. Meloni ha sido una de las principales impulsoras de la externalización de las fronteras europeas: trasladar el control migratorio a terceros países, financiar gobiernos para contener personas migrantes y dificultar el acceso al derecho de asilo antes incluso de pisar territorio europeo. Su política pretende consolidar una Europa cada vez más militarizada, donde la protección de los derechos humanos queda subordinada al control represivo.

Una tragedia permanente y en aumento

La respuesta a los episodios de Ceuta forma parte de una política sistemática que ha convertido las fronteras europeas en una de las mayores fosas comunes del planeta. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), durante 2025 murieron o desaparecieron 2.108 personas en el Mediterráneo y 1.047 en la ruta atlántica hacia Canarias, es decir, 3.155 víctimas en dos de las principales rutas marítimas de acceso a Europa. El Mediterráneo concentra las travesías hacia España, Italia, Malta y Grecia, mientras que la ruta atlántica tiene como destino el archipiélago canario. A estas cifras se suman más de 1.300 personas fallecidas intentando alcanzar las costas españolas en los primeros meses de 2026, lo que ya anticipaba uno de los años más mortíferos de la última década incluso antes de Ceuta.

Si a esas cifras se agregan las de Ceuta, el balance entre el 1º de enero de 2025 y comienzos de agosto de 2026 supera ampliamente las 4.500 personas muertas o desaparecidas en las principales rutas marítimas de acceso a Europa occidental. Dentro de ese escenario, las rutas españolas —especialmente la ruta atlántica hacia Canarias, el Estrecho de Gibraltar, el mar de Alborán y los accesos a Ceuta y Melilla— continúan siendo algunas de las más letales. La combinación de fronteras cada vez más militarizadas, la ausencia de vías legales y seguras para solicitar asilo, la externalización del control migratorio hacia Marruecos y otros países y la acción de las redes que trafican con personas empuja a miles de hombres, mujeres y niños a travesías cada vez más largas y peligrosas.

Lo que estamos viviendo no es una crisis coyuntural, sino la consecuencia de una política migratoria que convierte el riesgo de morir en un elemento permanente del control de las fronteras europeas. Así se expone que la crisis del capitalismo imperialista es estructural y sistémica: económica, social, política, ecológica, humanitaria…y deja al descubierto, al igual que el genocidio y la destrucción en Palestina, el destino de barbarie al que conduce el sistema dominante.

Muros más altos y sólidos

Lo ocurrido en Ceuta representa un nuevo paso en la construcción de la “Europa fortaleza”: más muros, más vigilancia, más acuerdos con gobiernos represivos, más criminalización de quienes migran y más normalización del racismo institucional. La frontera deja de ser un espacio administrativo para convertirse en un instrumento permanente de selección social: libre circulación para el capital, las mercancías y las inversiones; obstáculos, violencia y muerte para quienes escapan de la miseria.

Medidas humanitarias urgentes

Frente a esta política criminal es necesario exigir medidas inmediatas: la búsqueda de todas las personas desaparecidas e identificación de las víctimas; la suspensión de las devoluciones y garantía efectiva del derecho de asilo; la acogida inmediata con alojamiento, atención sanitaria, alimentación y protección para todas las personas migrantes; el reparto solidario entre los distintos países europeos sobre la base de los derechos humanos y no de cuotas represivas; el reconocimiento de plenos derechos democráticos, laborales y sociales para quienes viven y trabajan en Europa, independientemente de su situación administrativa.

Hay que derrotar el odio

La respuesta también debe ser política. Es necesario enfrentar tanto las políticas represivas del Gobierno de Sánchez, la ofensiva xenófoba del PP y Vox y la agenda reaccionaria impulsada por la mayoría de los gobiernos de la Unión Europeaque utilizan cada tragedia para sembrar odio contra las personas migrantes. Frente a las agresiones racistas hacen falta movilizaciones unitarias, organización popular, redes de solidaridad y mecanismos de autodefensa democrática que impidan la actuación de grupos fascistas y protejan a quienes son perseguidos por su origen.

Rechazo a la ultraderecha en Ceuta.
Un mundo sin fronteras para las personas

El capitalismo globaliza el movimiento del dinero, las multinacionales y las mercancías, pero levanta muros contra quienes huyen de la explotación, las guerras y el hambre que ese mismo sistema produce. Mientras exista este orden basado en la disputa inter imperialista, las fronteras seguirán siendo instrumentos de exclusión y muerte. La lucha por los derechos de las personas migrantes forma parte de una misma pelea internacional contra la ultraderecha, el racismo, el imperialismo y el capitalismo. Frente a la Europa fortaleza, levantamos la perspectiva de un mundo donde ninguna persona sea ilegal, con libertad de circulación, igualdad de derechos y un sistema socialista de la sociedad al servicio de las necesidades humanas y no de las ganancias del capital.

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