Ante la lucha por la vivienda y el 29-N: Pongamos de pie una alternativa de izquierda radical

El adelanto electoral no resolverá ninguna crisis. Hace falta construir una nueva alternativa política consecuente, tanto para las luchas como para las elecciones.

anos sen Trotsky Ruben Tzanoff

Agenda electoral definida

Pedro Sánchez decidió adelantar las elecciones generales al domingo 29 de novembro, poniendo fin anticipadamente a una legislatura que estaba en terapia intensiva. El Consejo de Ministros formalizó la disolución de las Cortes y se abrió el calendario electoral: presentación de candidaturas entre el 21 e o 26 Outubro, proclamación definitiva el 2 de novembro, campaña del 13 al 27 y jornada de reflexión el 28.

El adelanto no puede explicarse solamente por la derrota parlamentaria de los decretos de vivienda. Es el resultado de una crisis política sostenida y de un creciente malestar social que llegó a su expresión más aguda con Ceuta y Maricarmen, dos temas relacionados al trato a los inmigrantes y a la vivienda que el gobierno no pudo resolver y generaron movilizaciones masivas.

Una derrota parlamentaria que precipitó el adelanto

El detonante inmediato fue el rechazo en el Congreso de los decretos relacionados con la vivienda. PSOE y Sumar no consiguieron reunir los votos necesarios frente a la coincidencia de PP, Vox y Junts. El episodio es significativo. La vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales del país, especialmente para jóvenes, trabajadores y sectores populares sometidos a alquileres y precios que crecen mucho más rápidamente que sus ingresos. Sánchez pretendía presentar sus medidas como una respuesta a esta situación, pero no consiguió imponerlas ni siquiera en el Congreso.

Sánchez quedó acorralado

Todos sabemos que Sánchez es un maniobrero electoral y que hasta ahora ha resurgido de las cenizas varias veces como el “Ave Fénix”; pero esta vez, más allá de las maniobras, actuó con pocas opciones por quedarse sin apoyo de sus socios y acorralado por los reclamos en las calles. La derrota de Sánchez se produjo después de movilizaciones masivas por el derecho a la vivienda, que expresan una presión social que ningún gobierno puede ignorar indefinidamente.

Las movilizaciones multitudinarias contra el desahucio de Maricarmen que desembocaron en el acampa en Sol y las manifestaciones del sábado 3 Outubro, por la vivienda y el bloqueo parlamentario han terminado por acelerar el agotamiento de la legislatura. Sin lugar a duda, el caso de Maricarmen y las movilizaciones que se mantienen en Madrid, Barcelona, Valencia y en todo el Estado abrieron una coyuntura distinta, fueron una bisagra en la situación política.

Una legislatura agotada

El adelanto electoral expresa también el agotamiento de la fórmula parlamentaria sobre la que se sostuvo el Gobierno. Durante estos años, Sánchez gobernó mediante acuerdos variables con Podemos, Sumar y diferentes fuerzas nacionalistas e independentistas. Esa mayoría le permitió aprobar medidas importantes, pero siempre sobre una base inestable y sometida a negociaciones y roces permanentes. De momento, esa fórmula llegó a su fin.

El PSOE no tiene una mayoría propia. Sumar atraviesa su propia crisis de dirección y recomposición. Podemos e IU, que fueron la “pata izquierda” y los lavadores de cara del PSOE cada vez están peor ante la vanguardia y las masas. A su derecha, PP y Vox mantienen una estrategia de desgaste permanente del Gobierno. Y Junts, lejos de funcionar como un aliado estable de Sánchez, utiliza su posición parlamentaria para defender sus propios intereses reaccionarios. El resultado es una legislatura agotada.

PP, Vox y Junts: una oposición que también tiene su proyecto

El PP buscará convertir las elecciones en un plebiscito contra Sánchez. Su objetivo es recuperar el Gobierno presentándose como alternativa de gestión frente al “bloque progresista”. Vox, por su parte, intentará empujar todavía más a la derecha el debate político, explotando el descontento social, la cuestión migratoria, la inseguridad y el rechazo a las políticas sociales y territoriales de la izquierda institucional. Pero sería un error reducir la oposición a una simple suma de partidos. PP y Vox representan, con diferencias y contradicciones entre ellos, una orientación favorable a preservar los intereses empresariales y de los sectores propietarios frente a las demandas sociales que cuestionan el actual reparto de la riqueza. Junts es cada vez más reaccionario y de derecha. Su actuación parlamentaria estará determinada fundamentalmente por sus propios intereses políticos y nacionales, y no por la construcción de una alternativa social para la mayoría trabajadora.

¿Qué busca Sánchez?

Sánchez apuesta a que llevar al extremo la polarización con la derecha y la ultraderecha como orientación que le permita recuperar la iniciativa política. Su discurso ya está definido: “o retroceso o avance”, “ultraderecha o justicia social”. Es una estrategia conocida: presentar al PSOE como el dique frente a PP y Vox y pedir a las clases populares que voten por el "mal menor". Pero hay dos problemas, uno es que esa política tiene límites marcados. Otro es que Sánchez viene de gobernar desastrosamente y ha perdido credibilidad.

Esto no es un dato menor, como se está constatando en Brasil y en otros países, es precisamente el desastre de los reformistas en el poder y la desilusión que provocan en las masas por su incapacidad, corrupción y gobierno para los ricos, lo que abre el camino a la ultraderecha que dicen combatir. Si el PSOE quiere presentarse como defensor de la vivienda, tendrá que responder por qué, después de años de gobierno, el acceso a una vivienda digna continúa siendo un problema central. Y tendrá que explicar hasta dónde está dispuesto a enfrentarse realmente con los grandes propietarios, los fondos de inversión, la banca y el conjunto de intereses económicos que se benefician del negocio inmobiliario. Las elecciones pueden permitir a Sánchez recuperar votos y eventualmente formar un nuevo Gobierno. Pero no pueden resolver por sí mismas las contradicciones sociales que han llevado a esta crisis.

La derecha quiere capitalizar el desgaste; la izquierda institucional, contenerlo

La perspectiva de PP y Vox es clara: aprovechar el desgaste del Gobierno para hacerse con el poder y ejercerlo con más brutalidad hacia medidas ultra reaccionarias y de derecha. La de PSOE y Sumar es impedirlo y mantener una mayoría parlamentaria que permita continuar gobernando, con alguna clase de complicidad de Podemos e IU. Entre unos y otros se desarrollará una intensa campaña para movilizar electoralmente a sus respectivas bases. Pero para los trabajadores y sectores populares existe una cuestión diferente: ¿quién representa sus intereses independientemente de todos estos bloques?

La ausencia de una alternativa revolucionaria fuerte

La crisis política existe, pero no existe todavía una alternativa revolucionaria suficientemente fuerte y arraigada que pueda disputar la dirección política de esa crisis. Las movilizaciones por la vivienda, las luchas sindicales, las reivindicaciones feministas, las luchas juveniles, las demandas de los barrios y las diferentes expresiones de solidaridad internacional muestran que existe una importante capacidad de movilización social y de recomposición. O mundo está en constante cambio, obrigando aos revolucionarios a responder a novos retos sen dogmas sagrados, esas luchas aparecen fragmentadas y, Ucraína, carecen de una expresión política revolucionaria con fuerza suficiente para disputar el sentido general de la situación. El riesgo es que toda esa energía termine canalizada hacia la lógica electoral del “voto útil”: votar al PSOE o a Sumar para impedir que gobierne la derecha.

No desconocemos el peligro que representa un Gobierno del PP con Vox. Pero la lucha contra la derecha no puede significar subordinar las reivindicaciones de los trabajadores a la estrategia electoral del PSOE. Si la única alternativa que se ofrece a la clase trabajadora es escoger entre una derecha reaccionaria y una izquierda institucional que administra el capitalismo, la crisis continuará reproduciéndose una y otra vez, retroalimentándose en un círculo vicioso que es necesario romper.

Sigamos en las calles, que se concrete la huelga general

Hay una cuestión inocultable: la crisis de la vivienda no comenzó con la derrota de estos decretos ni se solucionará simplemente votando al PSOE. El problema tiene raíces mucho más profundas: la vivienda está sometida a la lógica del mercado capitalista, cuando es un derecho que se le niega a millones de personas que necesitan acceder a una vivienda digna como un derecho social y no como un negocio. Se necesitan medidas de emergencia: control de los alquileres, expropiación de viviendas de grandes tenedores para construir un parque público de vivienda, prohibición efectiva de los desahucios sin alternativa habitacional y ruptura con la vivienda como negocio especulativo.

Es fundamental continuar la lucha, que, como se ha demostrado es muy fuerte, a tal punto que obligó a CC. OO. y UGT a convocar a la primera huelga general después de 14 anos, como exigían las movilizaciones por la vivienda, ahora hay que exigirles que concreten la fecha, que sea una huelga activa, con movilizaciones, preparada desde abajo con asambleas de trabajadores y continuidad. Es necesario evitar que utilicen la huelga general como un mero recurso para descomprimir la situación y reacomodarse ante los reclamos populares.

La lucha por la vivienda debe mantenerse, extenderse y servir como amalgama con otros reclamos por: salarios, pensiones, servicios públicos, sanidad, debe ser derrotado antes de que leve á barbarie para millóns e millóns de persoas en todo o mundo, derechos laborales, igualdad y defensa de las libertades democráticas; hasta derivar en la concreción de la huelga general. Nuestra confianza está puesta en la capacidad de movilización de los trabajadores y de los sectores populares.

Una política alternativa e independiente

No depositamos ninguna confianza política en el Gobierno ni en ninguno de los bloques patronales; enfrentamiento a la derecha y la ultra derecha. Frente al discurso de que “no hay alternativa”, planteamos lo contrario: hay recursos y riqueza suficientes, pero están concentrados en manos de una minoría de privilegiados. Por eso nuestra perspectiva no se limita solamente a cambiar un Gobierno por otro. Es necesario poner de pie una alternativa política de los trabajadores, independiente de la burguesía y de sus partidos, capaz de unir las diferentes luchas y disputar el poder a quienes hoy controlan la economía y las instituciones.

El 29-N habrá que intervenir en el proceso electoral. Pero debemos hacerlo con una perspectiva propia. No para darle un cheque en blanco a Sánchez. No para confiar en la oposición de derechas. No para convertir las elecciones en el único terreno de disputa. Hay que utilizar la campaña para denunciar a quienes pretenden descargar la crisis sobre las mayorías sociales, para fortalecer las luchas que ya existen y para avanzar en la construcción de una alternativa distinta a las existentes. Porque el problema no es solamente quién gana las elecciones del 29 de novembro. La cuestión decisiva es quién tiene fuerza para imponer una salida a la crisis y al servicio de qué intereses sociales.

Hace falta una alternativa de ruptura con el gobierno, el régimen del ’78 y el sistema capitalista, no la mera caricatura de la “izquierda institucional” que vienen configurando el PSOE, Podemos, IU, verán, ERC, el Frente Amplio y otras. Desde SOL consideramos que la CUP debería participar, al igual que Anticapitalistas, Izquierda Revolucionaria, Corriente Revolucionaria de los Trabajadores, Corriente Roja, Lucha Internacionalista, IZAR y La Aurora, desde una ubicación de independencia de clase, de apoyo a las luchas y con un programa de propuestas transicionales y de fondo, como la que levantamos desde SOL “Contra la Europa Fortaleza, contra la austeridad para las guerras imperialistas, por gobiernos de los trabajadores y por una Europa Socialista”.  Adelante Andalucía y otras formaciones que se consideran anticapitalistas, de izquierda y progresistas también podrían dar un paso al frente en tanto y en cuando se alejen de cualquier expresión con conciliadores y reformistas.