Bolivia: entre el golpe y el pacto

Descontento social, denuncias de fraude. Pedido de renuncia a Evo y salida del país. Proclamación de una presidenta ilegítima y salto en la lucha en la calles.   Acuerdo entre el gobierno golpista y el MAS para elecciones sin Morales ni García Linera. ¿Qué pasa en Bolivia? ¿Qué debates existen? Una posición independiente de la izquierda anticapitalista y socialista.

En un contexto de fuerte ascenso y salto en la lucha de clases en Latinoamérica, irrumpió en Bolivia un plan golpista que se llevó acabo, renuncia de Evo Morales mediante. El imperialismo y sus socios locales vieron la oportunidad de provocar un cambio de rumbo y por esa vía también desalentar el ascenso que recorre el continente. Tuvo a su favor el fuerte descontento social que sufre desde hace tiempo el gobierno del MAS, producto de no responder a demandas sociales, tener una política de acuerdos con corporaciones extractivas y empresarios, impulsar la burocratización y cooptación de organizaciones sociales y finalmente pretender Evo ser reelecto por cuarta vez, tras haber sido rechazado en un plebiscito. Ese combo fue minando sus bases de apoyo y ahí la derecha más reaccionaria se hizo visible con sus planes viendo que era su momento.

El descontento social, que venía de antes, se expresó durante los primeros días del golpe, donde importantes sectores sociales no salieron en su defensa. Sobre esta base, entendemos que igualmente fue equivocada la decisión de Evo Morales de irse del país, descreyendo de la fuerza popular para enfrentar el golpe y no recurriendo a las organizaciones obreras y campesinas para organizar la resistencia y proteger su propia vida. El argumento de irse para pacificar y evitar un baño de sangre no resiste un análisis serio. Desde su partida hubo sangre, muerte y represión. Salvando las distancias, fue un fenómeno similar a la salida de Perón de Argentina ante el golpe del 55, quien se fue con argumentos parecidos y resultados similares, que pagaron los trabajadores que encabezaron la resistencia al golpe sin su líder.

Senkata y el heroismo de masas

La lucha contra el golpe, desde el momento en que las FFAA le piden la renuncia a Morales, se transformó en un eje central de la política. La irrupción de un plan golpista pergeñado por sectores reaccionarios civiles y militares, bajo el tutelaje de los EEUU y la OEA, colocó la tarea de enfrentar este plan hasta derrotarlo, como una prioridad cotidiana del movimiento obrero, indígena y campesino. Así fuimos partícipes de distintas acciones contra el golpe en nuestro país.

Como siempre, en los momentos más críticos y en las mayores tensiones, se ve quién es quién. No es casual que en el pico de mayor represión golpista, la rica historia de lucha del pueblo boliviano haya salido a la luz en todo su esplendor con las banderas wiphalas como emblema. Surgieron las genuinas movilizaciones de sectores mineros y campesinos, los paros, las asambleas y Cabildos de gran representación donde miles se juntaron a organizar la lucha contra el golpe y a pedir la renuncia de Áñez. Esa fuerza social, en la que no confió Morales al irse, se hizo sentir como nunca poniendo por momentos contra las cuerdas al gobierno golpista.

En esta heroica resistencia destaca el bloqueo de la planta de hidrocarburos de Senkata, donde miles se jugaron a cortar el suministro a los golpistas y sitiar La Paz, que depende exclusivamente de la distribución de combustible de esa planta. Durante varios días se mantuvo el sitio enfrentando una sangrienta represión, tras lo cual miles llegaron a La Paz con sus compañeros muertos encabezando la movilización. De estas acciones de bloqueo, como de otras en Cochabamba, surgieron los mejores ejemplos que dieron pie a nuevos Cabildos con participación de diversos estados. Marcando el mejor momento del enfrentamiento al golpe y haciendo notar que los golpistas no tenían todas las de ganar.

De la lucha directa al pacto

Contrastando con la genuina resistencia obrera, indígena y campesina que unificó a la base social de Morales y a miles que siendo críticos a Evo querían derrotar el golpe, un nuevo y grave error político de la dirección del MAS se terminó consumando. En lugar de impulsar a fondo la lucha y la organización hasta derrotar a Áñez y Camacho, decidieron ir al pacto, la negociación y la convocatoria común, bajo explícito reconocimiento del gobierno golpista, a nuevas elecciones sin Morales ni Linera.

Mientras en las calles el enfrentamiento a los golpistas ganaba terreno, la negociación paralela que se votó el fin de semana abrió un nuevo momento político; el intento de desmontar el ascenso antigolpista y mostrar al mundo cierto orden reestablecido hacia unas próximas elecciones; y el llamado a pacificar el país que impulsan los propios dirigentes del MAS convocando a levantar las acciones, más la dirección mayoritaria de la COB que se reunió con el gobierno ilegítimo para apoyar esta hoja de ruta, que es un camino de traiciones.

Esta vía elegida por la dirección del MAS, además de tener muy inciertos resultados a futuro, fue un freno y desmonte de la lucha contra el golpe justo en el momento que más hacía falta profundizarla. Quedará grabado en la historia de Bolivia como la última capitulación masista tras una larga serie de inconsecuencias. Por lo pronto, en distintas zonas sigue habiendo acciones de resistencia, denuncias a la feroz represión y exigencia de justicia. El proceso hacia las elecciones no será tranquilo sino de inestabilidad política y social, dejando abierta las perspectivas.

Reformismo y posibilismo en el siglo XXI

En el siglo XX, distintos procesos revolucionarios fueron frenados primero y desviados después, por direcciones políticas que se adaptan al sistema imperante sin proponerse cambiar toda su estructura política, económica y social. En el mejor de los casos llegan a otorgar algunas medidas sociales, hacer cambios parciales y reformas constitucionales que marcan algunos avances sin cuestionar la esencia capitalista del orden existente. En general el argumento político ha sido la falta de condiciones internacionales, ausencia de relación de fuerza favorable o la existencia de derechas fortalecidas que impedían avanzar. Una cadena de justificaciones de direcciones políticas que no tienen al anticapitalismo y al socialismo en su estrategia.

La Bolivia de Evo y Linera, surgida de las revoluciones de 2000-2003, no estuvo exenta de este mismo problema matriz. Desde su asunción, tras mejoras sociales, llevaron adelante en su proyecto de gobierno una versión siglo XXI de esas concepciones reformistas y posibilistas que no pasan ninguna prueba.

Esta política tiene en el plano teórico una fundamentación a cargo de García Linera, reconocido intelectual que ha escrito y disertado por el mundo sobre estos temas, explicando que estaban construyendo en Bolivia un nuevo tipo de estado plurinacional con distintas clases y un nuevo modelo económico. Linera decía en una entrevista: «Mientras no surgen iniciativas comunitarias de parte de la sociedad, tenemos que trabajar con lo que existe y esos son empresarios, que tienen que reforzarse, crecer y generar más riqueza. Sáquense ese chip de en qué momento el gobierno va a dar el golpe y estatizar todo. Eso no va a suceder, eso ha fracasado y eso no es socialismo»(1). Confundía así, las barbaridades burocráticas del stalinismo con la necesidad imperiosa de poner todos los resortes estratégicos de Bolivia en manos de la clase obrera y el pueblo, en vez de impulsar una política equivocada de conciliación de clases.

En otro texto de su autoría Linera agregaba: «Una vez atravesado el punto de bifurcación que reestructura radicalmente la correlación de fuerzas entre las clases sociales, dando lugar a un nuevo bloque de poder dirigente de la sociedad, nuevamente se tiene que volver a articular y convencer al resto de la sociedad, incluso a los opositores que no desaparecen, aunque su articulación ya no será como clases dominantes, sino como clases derrotadas, es decir, desorganizadas y sin proyecto propio… la fórmula es: convencer e instaurar… en otros términos, derrotar el proyecto dominante e integrar en torno a los nuevos esquemas morales y lógicos dominantes al resto de la sociedad. He ahí la fórmula de la hegemonía política, del proceso de construcción de la nueva forma estatal».(2)

En otro escrito hace referencia al tipo de estado a construir; «El proceso social llamado Estado es un proceso de formación de las hegemonías o bloques de clase; es decir, de la capacidad de un bloque histórico de articular en su proyecto de sociedad, a las clases que no son parte dirigente de ese proyecto»… solo puede funcionar a través de la acción de toda la sociedad, con la participación de todas las clases sociales»(3).

El principal teórico del proceso boliviano cree en convencer a todos, en integrar a todas las clases a su Estado en construcción. Y cree, equivocadamente, como lo muestra el golpe actual, que esas clases derrotadas van a actuar en forma desorganizada y sin proyecto. Linera deja de lado esencialmente las concepciones marxistas sobre el Estado, su carácter de clase y su rol evidente de institución de instituciones represivas en manos del capitalismo, imposibles de ser convencidas y necesitadas de ser aplastadas y desmontadas para construir otro estado transicional, de clase y antagónico a las fuerzas capitalistas.

La ferocidad de las acciones golpistas y de todo el aparato de Estado que Morales y Lineras habían conducido hasta pocos días antes, fue un golpe de realidad que evidenció que el estado capitalista boliviano seguía estando ahí, mostrando a través del ejército, la policía y otras instituciones su verdadera cara clasista y sanguinaria cuando lo creyeron conveniente. Impulsados por dirigentes de las mismas fuerzas empresarias santacruceñas que no se habían dejado convencer en la construcción del Estado de todos.

Evo dijo días atrás que lamentaba haber equipado al ejército que ahora usa las armas contra el pueblo. Y así derrumba la teoría que defiende junto a Linera de pretender construir un Estado diferente sin cambiar las bases sociales, políticas, militares e institucionales del país. Las leyes de las revoluciones son concretas: o se avanzaba por la «agenda de octubre»(4) a cambios radicalizados y a derrotar todo el aparato burgués boliviano o este, ni bien tuviera la oportunidad, actuaría. Esa segunda hipótesis, lamentablemente, estamos presenciando.

Un nuevo tiempo, una nueva izquierda

Bolivia abre nuevos y viejos debates que profundizaremos en otros artículos. Por lo pronto, en la vida cotidiana se abre una nueva etapa en la lucha del pueblo boliviano. Desde el MST y la LIS seguiremos a disposición de apoyar y participar en todas las acciones que genuinamente su pueblo emprenda contra los golpistas y contra toda medida que ataque sus derechos sociales y democráticos. Y defendemos el derecho de Evo y Linera de volver a su país. Cada manifestación de lucha contra Áñez-Camacho merece la mayor solidaridad y allí estaremos.

A la vez, el sacar conclusiones correctas de lo acontecido, requiere emprender un camino político que enfrente a todas las fuerzas reaccionarias y también sea crítico e independiente del MAS y su dirección que no ha estado a la altura de las necesidades políticas y sociales de las masas. Es la hora de intentar construir una fuerza política nueva, una referencia de izquierda que sea anticapitalista, socialista e internacionalista. Que quiera avanzar en su lucha para que las y los trabajadores, campesinos e indígenas de Bolivia gobiernen su país y decidan democráticamente su futuro.

Sergio García
(1) Entrevista en «El Deber».
(2) ¿Qué es una revolución? – García Linera.
(3) Estado, democracia y socialismo – García Linera.
(4) La agenda de Octubre fue el programa de cambios profundos que impulsaban las masas bolivianas tras su revolución de 2003 que termina con el gobierno de Sánchez de Lozada.

Liga Internacional Socialista

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