A 46 años del asesinato de Yolanda González: contra los fachas de ayer y de hoy
“Hace 46 años las bandas fascistas de España asesinaron a nuestra compañera Yolanda González, militante del PST. Pasan los años y no olvidamos a Yolanda y seguimos su lucha!” (Carlos Maradona (MST-Argentina) compañero de militancia de Yolanda en el PST.
Aunque pasen mil años, siempre habrá compañeros como Maradona y otros que seguirán levantando el puño y diciendo Yolanda González, presente, ahora y siempre! Para Socialismo y Libertad – SOL Estado español, integrante de la Liga Internacional Socialista (LIS) “No hay olvido ni perdón”, tanto por ayer como por hoy, hay que aplastar a la ultraderecha y los fachas en las calles.
Una y otra vez, les recordamos a los más viejos y les contamos a los más jóvenes que hace 46 años, el 1º de febrero de 1980 nuestra compañera Yolanda González Martín fue asesinada por el Batallón Vasco-Español cuando tenía apenas 19 años. Era estudiante, militante del Partido Socialista de los Trabajadores -integrante de la corriente internacional trotskista impulsada por Nahuel Moreno, con el camarada Mario Doglio construyendo el partido en España como tarea internacionalista- y había nacido en Bilbao en 1961. Su vida estuvo marcada por el compromiso temprano: con solo 16 años ya participaba activamente en su centro de estudios y se había convertido en una referencia para una generación que, en plena salida del franquismo, defendía la educación pública, los derechos democráticos y las luchas obreras frente a una Transición pactada a espaldas del pueblo, como continuidad del régimen franquista.
En 1978 se trasladó a Madrid y continuó organizando a los estudiantes. Un año después ingresó al PST, convencida de la necesidad de construir una alternativa revolucionaria. La noche del 1º de febrero fue secuestrada, torturada y acribillada a balazos por un comando fascista. Su cuerpo apareció al día siguiente. Con ese crimen el régimen pretendía sembrar miedo, quebrar la movilización estudiantil y frenar el crecimiento de organizaciones como el PST, que cuestionaban los límites del nuevo orden monárquico-parlamentario.
La reacción popular fue muy fuerte. Una enorme huelga paralizó las universidades y los institutos de Madrid y Bilbao exigiendo verdad y castigo. A los cinco días fueron detenidos los autores materiales: mercenarios vinculados a Fuerza Nueva. El PST reclamó además la detención de Blas Piñar, jefe de ese partido de extrema derecha, como responsable intelectual del asesinato. La presión social logró condenas ejemplares: Emilio Hellín recibió 43 años de prisión, al igual que sus cómplices, y Fuerza Nueva terminó proscripta y disuelta.

Sin embargo, la sombra del franquismo siguió instalada en la justicia y en las fuerzas de seguridad, es decir, en el régimen monárquico parlamentario del ‘78. Hellín se fugó dos veces con ayuda de sus amigos ultras, cambió de identidad en registros estatales y solo cumplió 14 años efectivos. La impunidad se hizo escandalosa cuando en 2013 una investigación periodística reveló que el asesino dirigía una empresa de inteligencia que formaba a guardias civiles y policías, servicios pagados por el propio Ministerio del Interior, y que incluso actuaba como perito de la Audiencia Nacional.
Años después esa misma firma, Net Computer Forensics SL, volvió a aparecer en la escena pública al ser contratada por la defensa de la exdirigente del PP Cristina Cifuentes para un peritaje judicial. Que un condenado por terrorismo de ultraderecha siguiera trabajando para el Estado evidenció hasta qué punto los lazos entre las viejas estructuras fascistas y las instituciones democráticas nunca fueron desmantelados. Ni siquiera el gobierno que se proclamó de “Coalición progresista! Del PSOE con Podemos, IU y otros, se atrevieron a poner las cosas en su lugar castigando a los asesinos del pasado y derribando las estructuras en que se amparan.
El caso de Yolanda demuestra que la impunidad no es un hecho del pasado sino una política que llega hasta hoy. Los responsables de ayer continúan encontrando protección en un régimen heredero del franquismo, sostenido para preservar los intereses del capital. Mientras tanto, España atraviesa una crisis política profunda: cambian las coaliciones, se suceden los discursos, pero las necesidades del pueblo y de las nacionalidades siguen sin respuesta.
A 46 años de su asesinato, la figura de Yolanda permanece como símbolo de una juventud que se atrevió a luchar por una sociedad distinta. Podrán pasar décadas, pero las nuevas generaciones seguirán conociendo su historia y levantando sus banderas. Para los asesinos y para quienes los encubren no habrá olvido ni perdón en ningún lugar del mundo. Yolanda González, ¡Hasta el socialismo siempre!¡Viva la Revolución Socialista!


