España: exclusión saharaui a medida de Marruecos
El gobierno del Pedro Sánchez aprobó una regularización extraordinaria para cientos de miles de migrantes, pero dejó fuera a los solicitantes de apatridia, que en su mayoría somos saharauis. La medida consolida una política reaccionaria alineada con Marruecos y refuerza la opresión contra la autodeterminación por la que luchamos.
Por Chaiaa Ahmed Baba
Es una discriminación focalizada
El gobierno español aprobó un proceso de regularización que podría beneficiar a más de 500.000 personas migrantes. Sin embargo, tras una modificación del decreto, quedaron excluidas las personas solicitantes de apatridia, un colectivo que mayoritariamente conformamos los saharauis.
Inicialmente, el texto contemplaba incluir tanto a solicitantes de asilo como de apatridia, pero finalmente se eliminó a estos últimos tras recomendaciones del Consejo de Estado.

En la práctica, esto implica que miles de hermanos saharauis quedan fuera del proceso, o deben renunciar a su solicitud de apatridiapara intentar acceder a la regularización. La medida es discriminatoria, porque afecta de manera directa a nuestro pueblo oprimido históricamente por España primero y por Marruecos después.
Nos afecta directamente a los saharauis
Aunque el gobierno argumenta que la exclusión responde a criterios “técnicos” y “jurídicos”, los propios debates políticos evidencian lo contrario. Se trata de una política hecha a medida contra nosotros y nosotras, vinculada a las presiones del lobby del Reino de Marruecos. El 90% de los solicitantes de apatridia en España somos saharauis y el Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonización. Por lo tanto, la medida no es neutra: impacta de forma casi exclusiva sobre mi pueblo colonizado, al que se le niegan derechos básicos que sí se conceden a otros migrantes, aunque también parcial y limitadamente.

Sánchez está alineado con Mohamed VI
Detrás de la justificación legal se combinan razones políticas más profundas. Primero, el alineamiento con Marruecos y la política de autonomía del régimen de Mohamed VI, como herramienta de aplastamiento de la autodeterminación. Desde el giro del gobierno español respecto al Sáhara Occidental apoyando la posición marroquí como lo hizo Trump, se ha profundizado una política de subordinación diplomática. Así se evitan tensiones con el régimen marroquí, que rechaza cualquier reconocimiento político o jurídico diferenciado del pueblo saharaui.
Segundo, el control migratorio selectivo. La regularización busca integrar fuerza de trabajo útil al mercado, pero bajo condiciones controladas. Los saharauis, al estar en un limbo jurídico, quedamos fuera de esa lógica funcional. La “Europa Fortaleza” también levanta sur muros en España.
Tercero, la continuidad de la herencia colonial, porque España fue potencia colonial en el Sáhara Occidental. Esta decisión reafirma una política histórica: desentenderse de sus responsabilidades.
Duras y justas críticas
La diputada Tesh Sidi ha resumido en gran medida las opiniones de distintos colectivos saharauis al calificar lo definido por el Reglamento de Regularización Extraordinaria de personas migrantes como un atropello que evidencia una discriminación dentro del sistema de extranjería español. Y ha criticado tanto al gobierno del PSOE como a la dirección de Sumar por no haber presionado lo suficiente en la negociación del texto para evitar los daños señalados.
Que se rectifique el Reglamento, papeles para todos!
Frente a esta situación, que reafirma al Estado español como cómplice histórico y actual de la opresión, es necesario que se modifique el Reglamento y una regularización masiva, sin exclusiones, con plenos derechos para todas las personas migrantes, sin distinción de estatus jurídico.
Es indispensable exigir la solidaridad unitaria y movilizada para lograr el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), el apoyo activo al derecho a la autodeterminación del Sáhara Occidental contra la ocupación de Marruecos y su plan de autonomía tutelada.


La lucha por los derechos migrantes y por la autodeterminación de los pueblos oprimidos debe unirse en una perspectiva común contra el capitalismo y el imperialismo y por el socialismo.
En definitiva, la exclusión no es un error técnico sino una decisión política: una muestra de cómo incluso medidas parcialmente “progresivas” pueden ser utilizadas para reforzar opresiones estructurales cuando se subordinan a intereses estatales y geopolíticos. Como sea, nuestra resistencia lleva más de 50 años, no nos doblegarán fácilmente y seguiremos contando con el apoyo de la Liga Internacional Socialista (LIS).
