Congresistas yanquis criminalizan al Frente Polisario

Un nuevo proyecto impulsado en el Congreso de EE. UU.  pretende abrir el camino para declarar al Frente Polisario como «organización terrorista». La iniciativa, ya probada sin éxito, se inscribe en la política de respaldo de la administración Trump a la ocupación marroquí del Sáhara Occidental y busca debilitar la lucha por la autodeterminación del pueblo saharaui.

Por Rubén Tzanoff

Una iniciativa repetida y trabada

La propuesta de definir al Frente Polisario como organización terrorista y vincularlo con la influencia iraní fue presentada por tres congresistas: Joe Wilson, Greg Steube y Pat Harrigan. No es la primera vez que sectores republicanos, de derecha o ligados al lobby marroquí intentan instalar estas ideas e impulsan campañas en este sentido, aunque ninguna prosperó. El proyecto actual tampoco implica automáticamente la designación del Polisario como organización terrorista: ordena al Departamento de Estado estudiar esa posibilidad y presentar un informe al Congreso. Sin embargo, tiene una importante carga política. Si esta ofensiva prosperara, abriría el camino para justificar sanciones, restricciones financieras y diplomáticas e incluso nuevas formas de injerencia en nombre de la «lucha contra el terrorismo». El resultado aún está abierto y la última palabra no está dicha.

La iniciativa reaccionaria forma parte de una campaña legislativa y diplomática destinada a modificar el marco del conflicto, sustituyendo el derecho de autodeterminación reconocido por la ONU por un enfoque centrado en la «seguridad», el «terrorismo» y la “autonomía” propiciada por Mohamed VI. Incluso Naciones Unidas respondió recordando que el Frente Polisario sigue siendo una de las partes fundamentales del proceso político sobre el Sáhara Occidental.

Una política reaccionaria

El trumpismo le dio impulso a esta política durante su primer mandato, cuando reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Ahora vuelven a presionar para ayudar a imponer el llamado plan de autonomía de Mohamed VI y desplazando el papel de la ONU en favor de negociaciones dirigidas por EE. UU. Esta política responde a intereses estratégicos del imperialismo estadounidense en el norte de África: consolidar un aliado regional que enfrente a Argelia y otros países africanos para reforzar el control sobre una zona de enorme importancia geopolítica y contener la influencia de sus rivales internacionales, principalmente China y Rusia.

Barcelona, libertad de Naama Asfari y todos los presos políticos.

Ceuta: una coincidencia que no parece casual

El momento elegido para lanzar la iniciativa tampoco parece casual. Coincide con la grave crisis humanitaria provocada por el intento de miles de migrantes de llegar a Ceuta. En ese escenario vuelve a quedar expuesto el papel de Marruecos -junto con España y la Unión Europea-, ya que el régimen de Mohamed VI utiliza periódicamente el control de los flujos migratorios y la disputa sobre Ceuta y Melilla como instrumentos de presión política sobre Madrid. En ese contexto, presentar al Frente Polisario como un supuesto actor desestabilizador contribuye a desplazar el foco de la ocupación del Sáhara Occidental y de las responsabilidades de la monarquía marroquí, reforzando el relato de Rabat ante sus aliados occidentales. La maniobra busca consolidar a Marruecos como un socio «indispensable» para la seguridad regional.

Marruecos: ocupación, represión y alianza con Israel

Desde la ocupación iniciada en 1975, la monarquía marroquí mantiene el control del Sáhara Occidental mediante un amplio aparato represivo. Los activistas saharauis sufren detenciones arbitrarias, existen numerosos presos políticos y persisten las restricciones a las libertades de expresión, organización y manifestación. Miles de saharauis continúan viviendo en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia. Marruecos profundizó su alianza política, económica y militar con Israel tras la normalización de relaciones en 2020. Esa cooperación incluye acuerdos de defensa, inteligencia, comercio y adquisición de armamento, convirtiendo a Marruecos en uno de los principales socios regionales del Estado israelí al cual reconoce en el marco de los Acuerdos de Abraham.

El Frente Polisario y la resistencia

El Polisario nació en 1973 como movimiento de liberación nacional para enfrentar el colonialismo español y posteriormente la ocupación marroquí. Posteriormente, durante décadas, sostuvo la estrategia del plan de paz impulsado por la ONU, basado en la celebración de un referéndum de autodeterminación. Ese compromiso, asumido con el alto el fuego de 1991, nunca fue cumplido por la MINURSO. Tras años de estancamiento, el conflicto armado se reanudó en 2020. La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) es reconocida por decenas de Estados y es miembro de la Unión Africana, por ejemplo: Argelia, Sudáfrica, Mozambique, Namibia, Zimbabue, Angola, Botsuana, Uganda, Tanzania, Kenia, Etiopía, Nigeria, Cuba, Venezuela, Nicaragua, México, Belice, Panamá, Timor Oriental y Vietnam.

La política de los revolucionarios

Rechazamos la política imperialista de la administración Trump y la iniciativa reaccionaria impulsada por sectores republicanos del Congreso para criminalizar al Frente Polisario y la lucha del pueblo saharaui. Seguiremos defendiendo la causa del Sáhara Occidental como parte de la lucha mundial contra el imperialismo, el colonialismo y todas las formas de opresión nacional. La autodeterminación plena del pueblo saharaui, incluido su derecho a decidir libremente su futuro, constituye una reivindicación democrática elemental. Al mismo tiempo, esa lucha solo podrá alcanzar una solución definitiva rompiendo con las potencias imperialistas y con las burguesías de la región que sostienen la opresión. Por ello, la defensa del Sáhara libre está ligada a la unidad de los trabajadores y los pueblos árabes y africanos en una perspectiva antiimperialista y socialista.