Decadencia del régimen, poner de pie lo nuevo

Editorial sobre la descomposición del gobierno, la institucionalidad del ’78 y del sistema capitalista. Los responsables están en las alturas del poder, las víctimas entre los trabajadores y los pueblos más pobres. Los dirigentes políticos y sindicales miran para otro lado. Exijamos respuestas progresivas inmediatas para los migrantes y la población de Ceuta. Apoyemos las luchas en curso. Y construyamos una nueva alternativa de izquierda radical, en la perspectiva de que gobiernen los trabajadores y el socialismo.

Crisis migratoria, grave y permanente

Ceuta es la expresión más brutal de esta crisis y también una demostración de cómo los gobiernos tratan a quienes migran. A finales de julio, más de 70.000 personas llegaron a la ciudad en pocos días. La mayoría fue devuelta o regresó a Marruecos, pero miles quedaron atrapadas en Ceuta y, entre ellas, cientos de menores sin acompañamiento. Los centros de acogida quedaron completamente desbordados y muchos niños y niñas terminaron en condiciones precarias, incluso durmiendo en la calle. Cuarenta y dos días después de la entrada masiva comenzaron recién los primeros traslados de menores a la península. Todavía hay centenares de niñas registradas y muchas otras sin identificar.

Jóvenes que quieren tener futuro.

Este es el eje que no podemos perder: no son números, son personas, trabajadores, familias, jóvenes y niños que buscan una vida mejor y que están siendo utilizados como mercancía política. Mientras los gobiernos discuten quién tiene la culpa, hay personas que necesitan inmediatamente alojamiento, alimentación, asistencia sanitaria, protección y documentación. El drama de Ceuta no es una anomalía: es el resultado de una política migratoria basada en cerrar fronteras, externalizar responsabilidades y convertir a seres humanos en instrumentos de presión entre Estados.

Muchos involucrados

Sánchez y su Gobierno intentan presentarse como gestores responsables mientras sus explicaciones sobre Ceuta se contradicen con los hechos conocidos. El PP y Vox aprovechan la crisis para profundizar posiciones reaccionarias, criminalizar la inmigración y enfrentar a los trabajadores y sectores populares entre sí. Marruecos niega cualquier responsabilidad y rechaza ser utilizado como “chivo expiatorio”, pero no podemos olvidar que Rabat lleva años desempeñando el papel de gendarme de la frontera sur de Europa y utiliza los flujos migratorios como elemento de presión en sus relaciones con España y la UE. Tampoco se puede ignorar que Ceuta y Melilla están en el continente africano, por eso, a veces veladamente y otras no tanto, Marruecos alude a la situación colonial originaria de España, al mismo tiempo que olvida su apropiación colonialista del Sáhara Occidental.

La Unión Europea tampoco ofrece una salida progresiva: el nuevo marco migratorio endurece los controles y permite crear centros de retorno en terceros países. Se construye una “Europa fortaleza”, cada vez más cerrada frente a quienes llegan desde África, Asia, Oriente Medio o América Latina. Trump interviene también en esta disputa: ha atacado públicamente a España por su política migratoria. Y hasta Israel aprovecha para agudizar sus disputas con España. No aceptamos que Trump, Netanyahu, Sánchez, Marruecos ni Bruselas decidan el destino de millones de personas desde arriba con sus políticas anti inmigrantes. Entre los gobiernos no hay víctimas.

Hay dos víctimas principales

La primera y principal víctima son los inmigrantes, y especialmente los niños y niñas que quedan atrapados en esta maquinaria de fronteras, devoluciones y abandono. La segunda víctima es la población ceutí, a la que tampoco se le brinda respuestas progresivas.  Es fundamental que el enfrentamiento no sea entre víctimas sino contra los que provocan los desastres sociales, humanos y fomentan el racismo. El enemigo no es quien llega buscando una vida digna: son las políticas que generan precariedad y enfrentan a quienes deberían estar unidos. Hay que garantizar derechos para todos. Mientras los gobiernos y los partidos del sistema se pierden en acusaciones, operaciones electorales y disputas institucionales, siguen sin resolverse cuestiones elementales: asilo, documentación, alojamiento, asistencia jurídica, atención sanitaria, escolarización y protección efectiva de los menores.

Descomposición en las alturas

El Gobierno del PSOE miente, administra la crisis con cinismo y pretende aparecer como solución cuando forma parte del problema. Sus socios parlamentarios, principalmente SUMAR y PODEMOS, tampoco ofrecen una alternativa capaz de romper con esta lógica. A la derecha y a la ultraderecha, expresados principalmente por el PP y VOX, directamente les interesa que la crisis se profundice para avanzar con discursos xenófobos, autoritarios y reaccionarios. Las instituciones responden a este desastre porque el problema no es solamente quién ocupa el Gobierno: es el régimen que sostiene esas instituciones. El régimen del 78, surgido de una transición pactada con el franquismo, demuestra cada vez más su incapacidad para ofrecer respuestas progresivas a los grandes problemas sociales. A escala europea sucede algo similar: el bloque imperialista de la UE se cierra cada vez más, militariza sus fronteras y endurece las políticas de expulsión. Y detrás de todo ello está un sistema capitalista que exhibe sus miserias humanas: guerras, desigualdad, explotación, fronteras y millones de personas obligadas a desplazarse mientras una minoría concentra la riqueza. No se trata de reformar algunos aspectos del sistema para que funcione mejor en un sentido realmente progresista. El capitalismo humanizado es una utopía. Hay que cambiar las relaciones sociales de explotación y opresión que lo sostienen. Hay un tembladeral en las alturas que abre muchos interrogantes sobre el futuro del país y su institucionalidad.

Los que miran para otro lado

Ante una crisis de esta magnitud, las principales direcciones políticas y sindicales no llaman a grandes movilizaciones unitarias para exigir una solución inmediata y digna para las personas migrantes. Cuando convocan acciones, demasiadas veces quedan reducidas a gestos testimoniales, declaraciones o movilizaciones controladas que funcionan como válvula de escape y evitan que irrumpa una verdadera acción del movimiento de masas. Necesitamos otra política. La lucha contra el racismo no puede quedar encerrada en campañas institucionales ni la defensa de los inmigrantes limitada a declaraciones de buena voluntad. Hay que unirla a la defensa de la sanidad, la educación, la vivienda, los salarios y los servicios públicos. La clase trabajadora no puede permitir que la derecha y la ultraderecha dividan a quienes sufren las mismas consecuencias de un sistema basado en la explotación. Hace falta una movilización amplia, desde abajo, que enfrente las políticas de la “Europa Fortaleza” y exija derechos plenos para todos los trabajadores, independientemente de su origen.

Medidas de emergencia ya mismo

No se puede esperar ni un minuto más. Ni nuevas cumbres ni nuevas disputas entre Madrid, Ceuta, Rabat y Bruselas. Hay que resolver inmediatamente la situación de las personas migrantes. Hay que tramitar de urgencia los pedidos de asilo, entregar documentación, garantizar asistencia jurídica y sanitaria, asegurar alojamiento, alimentación y escolarización, y trasladar inmediatamente a los menores a centros adecuados en la península cuando los recursos de Ceuta estén desbordados. España y la Unión Europea deben asumir su responsabilidad y recibir a las personas migrantes en condiciones dignas. Basta de campamentos improvisados, calles, centros saturados y niños abandonados a su suerte. Basta de utilizar el sufrimiento de seres humanos como instrumento de presión diplomática. Abrir vías seguras y legales, garantizar el derecho de asilo y una acogida digna no es una concesión: es una obligación y un derecho.

Y junto con ello hay que garantizar recursos extraordinarios para Ceuta y para las comunidades que reciben población, reforzando la sanidad, la educación, la vivienda y los servicios públicos. La solidaridad con quienes llegan debe ir acompañada de más derechos y recursos para quienes ya viven y trabajan aquí.

Apoyar las luchas en curso

Existe una realidad muy diferente de la que intentan instalar los gobiernos y los grandes medios: se vive cada vez peor, aumentan los precios, los salarios no alcanzan y hay precariedad laboral. Airbus ha protagonizado semanas de huelga y su plantilla decidió mantener el paro por una ajustada mayoría, a la espera del referéndum sobre el preacuerdo. En Madrid, gobernada por la reaccionaria derechista del PP Isabel Díaz Ayuso, las educadoras infantiles volvieron a la carga con una acampada frente a la Puerta del Sol para exigir mejores condiciones laborales, en el marco de la larga lucha que vienen sosteniendo. En Catalunya, los docentes comenzaron el curso retomando los reclamos anteriores a las vacaciones, con una huelga y movilizaciones para reclamar más recursos, reducción de ratios, mejores condiciones laborales y la reapertura de las negociaciones con el Govern. En octubre está anunciada una huelga indefinida de médicos y facultativos- Y en la Diada del 11 de Septiembre miles de personas volvieron a ganar las calles no sólo reafirmando su exigencia de independencia, sino también con mensajes de rechazo a la ultraderecha, en este caso Alianza Catalana, pero también contra expresiones como la AfD en Alemania y VOX en el Estado español.

Ante la decadencia, poner de pie lo nuevo

Los partidos del sistema han demostrado una y otra vez sus límites. El PSOE administra el régimen mientras la derecha y la ultraderecha avanzan explotando su fracaso. Las organizaciones de izquierda que se adaptan a las instituciones terminan, en demasiadas ocasiones, subordinando las necesidades de los trabajadores a las reglas del sistema. Frente a esta decadencia hay que construir una nueva alternativa política de izquierda radical, anticapitalista y revolucionaria. Hacemos un llamado a la CUP, Anticapitalistas, CRT, Izquierda Revolucionaria, Lucha Internacionalista y a todas las organizaciones, colectivos, activistas y militantes que quieran avanzar en esta perspectiva: discutamos un programa de emergencia para para el Estado español, apoyemos cada lucha obrera y popular, enfrentemos a la ultraderecha en las calles y en los centros de trabajo, defendamos a los inmigrantes, la sanidad, la educación, la vivienda y los salarios, y construyamos una alternativa independiente de los partidos del régimen. Que incorpore un llamado unitario a luchar, planteando: «No a la austeridad para las guerras imperialistas». En lugar de administrar la decadencia del capitalismo hay que derrotarlo, por eso también es necesario plantear la salida estratégica al desastre creciente del sistema: «Por un Gobierno de los trabajadores» y «Por una Europa Socialista». Frente a la Europa fortaleza, internacionalismo. Frente al racismo, unidad de la clase trabajadora. Frente a la precariedad, derechos. Frente a los gobiernos que gobiernan para los de arriba, un gobierno de los trabajadores y de los sectores populares. Frente a un sistema que no puede ofrecer un futuro digno, levantemos una alternativa socialista y revolucionaria.