El Día Internacional de la Mujer comenzaba la Revolución Rusa

A comienzos de 1917, la Rusia zarista era una caldera a punto de estallar.  La intervención en la guerra mundial provocaba cada vez más padecimientos.

A comienzos de 1917, la Rusia zarista era una caldera a punto de estallar.  La intervención en la guerra mundial provocaba cada vez más padecimientos a la clase obrera y al campesinado. El 23 de febrero de 1917 (8 de marzo de nuestro calendario1) en el Día Internacional de la Mujer, las obreras textiles de la capital declararon la huelga y marcharon por las calles de la ciudad. El reclamo de “Pan” se transformó rápidamente en el de “¡Abajo el Zar!” La revolución había comenzado. Al día siguiente se multiplicaron las huelgas y manifestaciones. La fuerza de la clase trabajadora barrió con la represión, cuerpos enteros de cosacos y tropas se negaron a reprimir… la suerte estaba echada. El 27 de febrero finalmente cayó el Zar. Una revolución espontánea, sin dirección centralizada, aunque contó su vanguardia con lxs obrerxs educadxs en el bolchevismo. El poder se encontraba en manos de las masas obreras y campesinas, pero sus direcciones reconocidas, Mencheviques y Socialrevolucionarixs (SR), lo cedieron a la burguesía. Para sus dirigentes, la tarea planteada era edificar una república burguesa que desarrollara el capitalismo. El Partido Bolchevique, a partir de la llegada de Lenin, trazó otra línea: ninguna confianza en el gobierno burgués. Todo el poder a los soviets. Prólogo de Octubre


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Paralelamente al surgimiento del gobierno provisional surgió otro poder. Los soviets (consejos) de obreros, soldados y campesinos que se multiplicaron por todo el país reflejaban un nuevo poder basado en la fuerza de las masas movilizadas. La mayoría de sus delegadxs respondían a mencheviques y SR, que apoyaban y luego integrarían el gobierno burgués. El gobierno provisional apoyado por los reformistas no solucionaba ninguna de las demandas urgentes, mantenía la guerra y postergaba la entrega de tierras a lxs campesinxs hasta la realización de una Asamblea Constituyente que posponía permanentemente. Fueron meses de una rápida experiencia de las masas con sus direcciones. En octubre, a ocho meses del comienzo de la revolución, los bolcheviques obtuvieron la mayoría de los principales soviets y dirigieron las fuerzas obreras y campesinas hacia la toma del poder, dando origen al primer Estado Obrero de la historia.

Las diferencias entre febrero y octubre

Comparando ambas revoluciones, Trotsky planteaba que, en relación a las clases en disputa, el terreno de lucha y el rol del ejército (que se pasa al lado de la revolución), febrero y octubre son idénticas. La diferencia, cualitativa, que hace posible que obrerxs y campesinxs tomen el poder en octubre es el papel relevante de los soviets y la dirección del Partido Bolchevique. En la historia no se ha repetido ninguna revolución con esas características. Aunque hubo grandes triunfos, al no ser dirigidos por la clase obrera y un partido marxista revolucionario, no se ha extendido la revolución mundial y eso ha llevado incluso a perder las conquistas que se habían obtenido y a que no se termine de derrotar al imperialismo. Sin embargo, la crisis del sistema capitalista, sus políticas de ajuste permanente, y las penurias que descarga sobre las masas acumulan tensiones que muchas veces estallan produciendo verdaderas revoluciones que provocan cambios cualitativos aun cuando no cambian el carácter de clase del Estado. A estas revoluciones, que no están encabezadas por la clase obrera con sus organismos de autodeterminación democráticos ni por una dirección revolucionaria, nuestra corriente las define como Revoluciones de Febrero, haciendo una analogía con el proceso de la Revolución Rusa.2

La dialéctica febrero-octubre

Analizar la revolución de febrero no sólo desde el punto de vista histórico, sino en su dinámica, es clave para comprender la dialéctica con octubre y desprender de allí las tareas de los revolucionarios. “(…) El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos (…) La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”. 3 Las movilizaciones de masas que derribaron a la dictadura, el Argentinazo, las primaveras árabes, y lo que está sucediendo en Chile son para nostrxs revoluciones de febrero. Hay quienes cuestionan esta definición porque esto implicaría que necesariamente después vendría octubre y en todos estos casos, como en otros, esto no ha sucedido. Pero justamente porque no se avanza hacia octubre es que los problemas de fondo no se solucionan. Algunos sectores, a partir de ese análisis, viendo que no se producen nuevos octubres, abandonan la pelea revolucionaria adaptándose al régimen burgués como su “ala izquierda”. Otros sectores niegan directamente que sean revoluciones porque no tendrían como objetivo cambiar el orden existente, porque sólo exigen reivindicaciones parciales, por la inmadurez de las masas para plantearse sus objetivos históricos o argumentos por el estilo.

Conciencia y revolución

El avance en la conciencia de las masas no es un proceso evolutivo. En tiempos normales, la ideología dominante es la que impone la burguesía y tiene su expresión en el control mayoritario de las organizaciones obreras y populares por direcciones burocráticas y reformistas. Febrero es el prólogo de octubre justamente porque es a partir de ella que se abre la posibilidad de que las masas hagan a fondo la experiencia con esas direcciones, y si existe un partido que dispute con una política correcta y audaz, es posible dar avances cualitativos. Esperar a que las masas adquieran por sí mismas conciencia revolucionaria es deslindarse de las responsabilidades que plantean estos procesos y deviene en los hechos en una política abstencionista. “Las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de la sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja. Sólo el sector dirigente de cada clase tiene un programa político, programa que, sin embargo, necesita todavía ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de las masas”.4 Decíamos que en febrero y octubre las consignas fueron las mismas: Paz, Pan y Tierra. La diferencia fue que las masas durante meses hicieron una experiencia con sus direcciones, que no solucionaban ninguna de sus demandas, y la contrastaron con la política del Partido Bolchevique. El salto cualitativo en la conciencia no fue fruto de una evolución gradual, sino de una batalla política entre revolucionarixs y reformistas. El Partido Bolchevique, además, incorporó a sus filas a la corriente encabezada por Trotsky (con quien Lenin polemizó duramente durante 12 años) y en los momentos claves realizó un acuerdo con los socialrevolucionarios de izquierda para la toma del poder. La etapa actual de la lucha de clases, de crisis capitalista y al mismo tiempo, de un gran ascenso del movimiento de masas que se expresa con fuerza en  Latinoamérica, Medio Oriente y Francia nos plantea el desafío de intervenir en esos procesos para poner en pie una dirección revolucionaria que esté a la altura de la circunstancias, batallando contra lxs viejxs y nuevxs reformistas, peleando por desarrollar organismos de poder obrero y popular  y uniendo a lxs revolucionarixs para crecer en influencia y avanzar en la perspectiva de nuevas revoluciones de Octubre. En ese camino se encuentra la Liga Internacional Socialista.

Notas 1.  Hasta 1918 en Rusia se utilizó el viejo calendario Juliano. 2. Nos referimos a la corriente fundada por Nahuel Moreno, de la cual nos reivindicamos parte. 3. León Trotsky “Historia de la Revolución Rusa”. 4. Ídem.

Por Emilio Poliak

lis-isl.org

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