Los más vulnerables IV: trabajadoras/es

Los espacios de trabajo y una gran oportunidad.

Por Diego Fernández

El COVID-19 ha llegado a nuestras sociedades para instalarse, al menos de manera temporal, durante varias semanas, quizás meses. Es una realidad que la normatividad del sistema vorágine capitalista, en el que llevamos sumides durante décadas, no va a ser igual o por lo menos no se va a concebir de la misma manera a partir de la situación excepcional y catastrófica que nos están haciendo vivir y que de facto, estamos viviendo.

El Estado de alarma decretado por el gobierno del estado español ha repercutido directamente sobre el estado mental, físico y emocional de todas las personas de la sociedad, y se repite a niveles globales como nunca se había visto antes. A esto hay que sumarle que, como suele ser habitual en cualquier tipo de crisis conceptual e histórica, las clases y los colectivos más desfavorecidos, son los más perjudicados a todos los niveles (salud, economía, libertad…).

…la falta de organización y de recursos básicos, ha impuesto una dinámica arbitraria y parcial en determinados sectores de trabajo…

En estos momentos críticos, en los que nuestras libertades más vitales y funcionales se han visto deterioradas, es cuando hay que denunciar y tomar voces más críticas aún si cabe, en todos los espacios en los que podemos actuar de manera positiva y determinante. La calle, ese espacio histórico en el que se han desarrollado todas las protestas y repulsas sociales hacia la tiranía, la opresión y la falta de libertades, está coartada y delimitada hacia nuestra persona de la misma manera que actúa un Estado de sitio, exceptuando la determinación del componente ideológico altamente remarcado.

En estos años y más en estos días, en los que las redes sociales dominan la comunicación social, el intercambio de informaciones, el ocio y el entretenimiento, suponen más una amenaza y una anestesia social y colectiva para las masas, que un factor positivo para desarrollarnos como seres sociales y para defender las libertades y los derechos humanos. El espacio físico y de acción directa más palpable que nos queda en esta situación de histeria grupal, son los centros y lugares de trabajo en los que estamos “obligades” a mantener nuestra fuerza de trabajo por el bien de la sociedad según nos tienen adjudicades.

Si bien, la consigna general que cala en la sociedad y se repite sistemáticamente es de hacer un esfuerzo colectivo y de responsabilidad individual para evitar la propagación del virus, la falta de organización y de recursos básicos, ha impuesto una dinámica arbitraria y parcial en determinados sectores de trabajo y al beneplácito de las grandes empresas que no es equitativa al esfuerzo y a la responsabilidad que se exige a la ciudadanía. Los recortes de derechos laborales, la libertad otorgada a las grandes empresas para “encauzar” la economía a la hora de flexibilizar los despidos, las condiciones y la innumerable serie de ERTEs aplicados, es una muestra de todo ello.

Que el miedo y el pánico creado no nos haga dejar de ser críticas y actuar con alternativas reales que cambien la realidad social dominante.

Ahora que les trabajadores están expuestos a la suerte de las administraciones incompetentes y a la empresa privada empoderada, una vez más y en un nuevo marco conceptual, es cuando la solidaridad y el apoyo mutuo deben resurgir y activarse de la manera más crítica y funcional posible. Es el momento y una gran oportunidad para volver a tejer redes sociales y colectivas que den respuestas efectivas, reales y de confianza para la sociedad en general, y para los colectivos más desfavorecidos en particular. Todo ello a lo que no llega la administración y los sindicatos mayoritarios colaboradores de las patronales, desde siempre, y más aún remarcado por la situación actual, es a lo que tiene que dar respuesta y salida, les trabajadores en sus espacios y colectivos barriales, y la autogestión de las personas mismas en el día a día.

Volvemos a remarcar los espacios de trabajo como lugar importante para desarrollar esa solidaridad y esa unidad que nos permita tácitamente, dada la situación excepcional, trabajar y desarrollar nuevas formas de relacionarse, apoyarse y cuidarse entre les trabajadores, les vecines y la gente de los barrios. No solo existe el centro de trabajo, la fábrica o los breves momentos en los que compartimos espacios las personas en esta situación anómala, pero sí es la coyuntura actual y el estado anímico, de conciencia y de empatía de las personas, la que nos está otorgando la oportunidad de reforzar nuestros lazos sociales, cooperativos y colaborativos verdaderos. Que el miedo y el pánico creado no nos haga dejar de ser críticas y actuar con alternativas reales que cambien la realidad social dominante.

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