Galicia: movilización en Santiago por el desastre de los pélets

El “nunca maís” que termina siendo “outra vez”… Reporte desde la manifestación y reflexiones.   

El domingo 21 de enero de 2024 millares de manifestantes recorrieron las calles de Santiago de Compostela (Galicia), desde la Alameda hasta el lugar de concentración final en la Plaza del Obradoiro, frente a la catedral. La movilización fue convocada en protesta por desastre medioambiental del vertido de millones de micro plásticos por un barco carguero frente a la costa gallega y por la nefasta gestión de esa contingencia tanto por el Gobierno del Partido Popular en la Xunta de Galicia, como por las fallas del gobierno del Estado español en el manejo de la situación.  La marcha fue iniciativa de organizaciones sociales y políticas, así como de asociaciones comunitarias, grupos ecologistas, sectores laborales y productivos de las rías gallegas, con participación muy visible de la Central Intersindical Gallega (CIG) y del Bloque Nacionalista Gallego (BNG). Militantes internacionalistas de la Liga Internacional Socialista (LIS) y de Socialismo y Libertad (SOL) – Estado español también marchamos inmersos en esta manifestación. Se dio una movilización importante, que debe servir como impulso para avanzar sostenidamente en la lucha por la defensa de las rías gallegas y la defensa ambiental en general.

La Xunta y el PP, así como la prensa complaciente de la derecha gallega, trató de restarle importancia y ha querido desacreditar la movilización, atribuyéndole un carácter electoralista, por la proximidad de las elecciones autonómicas de Galicia, que serán el 18 de febrero; pero la composición y las consignas de la marcha son de por sí un desmentido total a la maledicencia de los pupilos de Núñez Feijoo. En primer lugar, están los motivos válidos de la protesta y el hecho de que muchos de los que estuvieron en ella también han estado aportando su esfuerzo voluntario a la recogida de pélets que la Xunta no supo organizar oportuna y eficientemente. Pero, con toda la razón, también se escucharon gritos en favor de hacer valer el voto en contra de los corresponsables del desastre acontecido y de su mal manejo: la Xunta-PP y el Gobierno Central-PSOE. Por supuesto que las candidaturas alternas no lo desaprovecharon, aunque no se trata sólo de reprocharle a una determinada gestión sino de enfocar las cosas sobre las causas estructurales, que radican en el sistema de producción-comercio-consumo del capitalismo, que es lo que realmente tiene que ser modificado.

La dispersión de toneladas de pélets (bolitas de plástico) por el garguero, viene a rasgar las sensibles cicatrices dejadas por otra gran catástrofe medioambiental como fue la del barco petrolero Prestige hace un par de décadas (2002), todavía a la espera de un desenlace judicial después de más de 20 años y sin que hayan sido pagadas las indemnizaciones o compensaciones correspondientes, más allá de los daños o consecuencias irreparables.

En torno al hecho actual, como sucedió con el Prestige, el ovillo vuelve a enredarse respecto a quiénes corresponde asumir las responsabilidades, por las complicaciones que envuelven al comercio internacional marítimo (capitalista) y que terminan favoreciendo la evasión de las culpas, compromisos y costes de los males ocasionados; aparte de la discusión sobre las obligaciones preventivas, que también suelen quedar en el limbo. La naturaleza, la pureza del mar, la salud de la flora y fauna marina suelen quedar seriamente afectadas una y otra vez con los repetidos “accidentes” y, por otra parte, los trabajadores del mar, los pescadores y marineros, las y los mariscadores y las poblaciones costeras, así como las y los usuarios de las playas, generalmente son los más perjudicados.

Que los daños sufridos por Galicia terminen dependiendo del Tribunal Supremo de Justicia español y, peor aún, de un tribunal británico en el caso del Prestige, nos indican el lugar que ocupan las naciones y los pueblos oprimidos en la resolución de sus asuntos. Y lo de los pélets podría ir por el mismo camino, por la opacidad y confusión con la que se maneja el asunto y por el engorroso entramado en el que se escudan las compañías internacionales de exportación de materias primas e insumos para la producción industrial, muchos de ellos altamente contaminantes y tóxicos.

Se trata de un problema recurrente que suele tener como resultado la misma impunidad y que viene de muy lejos. Inglaterra ha arrojado basura nuclear en fosas atlánticas cercanas a las costas gallegas y no olvidemos que a los EE. UU. se le cayeron 4 bombas atómicas que transportaban sus aviones sobre las costas de Almería, y el señor Fraga, fundador del Partido Popular, que era entonces ministro de Franco, hasta se bañó en las playas del siniestro para disimular. Lo de los pélets tampoco es algo aislado, porque también Tarragona ha sido y sigue estando por este tipo de vertido, ocurrido con anterioridad, aunque no causó el mismo revuelo que lo sucedido ahora en Galicia.

El “nunca maís” que fue consigna cuando los hechos del Prestige seguirán siendo “outra vez” mientras no vayamos al meollo del asunto que es el sistema capitalista ecocida y la gestión capitalista de los gobiernos que no puede ofrecer una solución. Sobre el percance gallego, y frente a la reacción tardía e ineficiente, además del ocultamiento, por parte de la Xunta de Galicia administrada por Rueda-PP, incluso antes de las movilizaciones de calle aparecieron grupos de voluntarios de las comunidades, de marineros, de las organizaciones ambientalistas y de la ciudadanía sensible, que se abocaron al trabajo paciente de recoger a mano miles de kilos de pélets y de otros desperdicios plásticos de las playas e incluso instrumentaron ideas técnicas artesanales para efectuar el despeje.

Por cierto, que, sólo un tercio de los extraído ha sido de pélets, porque los dos tercios restantes son de diversos tipos de residuos plásticos que venían siendo dispersados por la gente o por la actividad comercial y productiva, o por otros siniestros, que no habían sido recogidos por los servicios municipales encargados de la limpieza. Esto nos muestra que lo de los pélets sólo ha sido la punta del iceberg y del escándalo, bajo la cual emerge el problema global de la contaminación en el sistema productivo, comercial y de consumo del capitalismo.

Por consiguiente, es necesario desarrollar la discusión política, con bases científicas, para poder examinar las causas o factores que permiten o propician estos desastres ambientales, muy vinculados con el predominio del afán de lucro y de los intereses del capital, que atropellan a la naturaleza y a los pueblos. Esto con el objeto de visualizar y luchar por los correctivos pertinentes, lo que indudablemente pasa por la lucha y la presión social en función de mayores controles y mayor vigilancia del riesgo ambiental, por medidas de protección. Pero siempre con el protagonismo de las comunidades y de los trabajadores, y en la perspectiva de motorizar el cambio con la toma del poder político, porque los representantes del capital, como los que gobiernan en la Xunta y a nivel central, jamás estarán en paz y en armonía con la naturaleza y con el común de la gente.

Sin embargo, no son problemas que se resuelvan simplemente en el marco nacional o con un gobierno nacionalista en Galicia, porque tienen que ver con el orden capitalista mundial y requieren de la articulación combativa a escala global. Por lo pronto, y en combinación con la lucha dirigida a lograr soluciones ecosocialistas a estos problemas, nos alineamos con quienes luchan por la defensa del ambiente y de los intereses colectivos del pueblo en Galicia, en Catalunya afectada por el cambio climático y la sequía, en el Estado español y en todo el mundo.