Hace falta un frente de la izquierda radical

La “nueva normalidad” viene con la vieja política. Hay que dar vuelta todo.

A medida que pasan los días posteriores a la cumbre de Bruselas, aparece la “letra chica” de los acuerdos, los medios de comunicación masiva comienzan a hablar de los problemas y algunos funcionarios dejan entrever que habrá condicionamientos más severos de los que habían reconocido. Mientras tanto, continúa el debate del balance y la gestión de los fondos por llegar al Estado español.
En referencia al rumbo adoptado por la UE, Pedro Sánchez ha dicho “Marcamos el camino”, fue más real la anterior definición de su papel como de “escucha activa”. Los motivos por los cuáles el bloque imperialista definió su política actual tienen otras motivaciones, bastante alejadas del pretendido rol de Sánchez como “estadista”. El Estado español recibirá uno de los montos de dinero más elevados por haber sido muy afectado por la pandemia, desplegando una gestión sanitaria y social autoritaria, injusta e ineficiente. Lo concreto es que el PSOE está presionando a los grupos parlamentarios para que negocien en el ámbito parlamentario bajo sus condiciones, objetivo en el cual incluye sin problemas a la derecha, tanto al PP como a Ciudadanos, formación que ya votó a favor de las conclusiones de la comisión para la reconstrucción económica.

En este marco, y de acuerdo con la conveniencia del momento, los dirigentes de Unidas Podemos pasan de expresar su orgullo por integrar el gobierno “más progresista de la historia” a criticar el accionar de la socialdemocracia. ¿Acaso están sorprendidos? ¿No les alcanzaron décadas de bipartidismo PSOE-PP para sacar conclusiones? Aún después de incumplir sus promesas de campaña ¿siguen creyendo en las palabras de Pedro Sánchez? ¿Recién ahora les llama la atención la “pérdida de calidad democrática de España” ante la quita del tercer grado penitenciario a los presos políticos catalanes? Más que sorpresas fingidas, lo que hay es una plena incorporación de Unidas Podemos al régimen del ´78, que pegó un salto cualitativo al integrar el gobierno burgués español.
En el mismo espectro de valoración positiva del acuerdo en la UE, pero con críticas sin ruptura, se encuentran otros socios de la investidura, de Pedro Sánchez, como “mal menor” frente al nefasto gobierno de Mariano Rajoy del PP. Para el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, el fondo de recuperación europeo es una “buena noticia”, con el “detalle” que Bruselas definirá las políticas y los socios para el presupuesto. La nota la dio el portavoz del PNV, Aitor Esteban para quién el acuerdo europeo es “revolucionario”, nunca tienen problemas, pueden ser socios del PP o del PSOE, sin inmutarse. Para no desentonar, el diputado de Bildu, Jon Iñarritu, se diferenció del gobierno, a la par de extenderle la mano. Todos criticaron la orientación de Sánchez de aplicar la “geometría variable”, lamentando que el PSOE no los priorice y negocie con la derecha. Sólo la CUP se mantuvo firme en sus críticas al acuerdo y al gobierno.
En el poder no hay sorpresa: hay un gobierno burgués, defensor del régimen y del bloque imperialista de la UE, con un doble discurso, que puede negociar con cualquiera: PP, Ciudadanos, ERC, JxCat; PNV, Bildu o con quién sea funcional a sus intenciones políticas de salvar la institucionalidad establecida y el capitalismo en crisis. Unidas Podemos sólo les brinda la cobertura “progresista”, con más o menos distancia, pero en el mismo barco. Un circo hecho y derecho.
Falsas promesas, socios oficialistas que también son opositores, enemigos políticos que se repudian y se tienden la mano, opositores que salvan al gobierno y todos juntos, sostienen al régimen. Socialdemócratas y centroizquierdistas que se quieren hacer pasar por socialistas y de izquierda, reaccionarios y fachas mintiendo y provocando…Dicen que hay una «nueva normalidad», pero lo que hay es vieja política, configurada por más precariedad, desigualdad creciente y volteretas en el aire de oficialistas y opositores.
El PP, Ciudadanos y Vox son la amenaza de derecha y ultraderecha. Pero “no nacieron de un repollo”, aprovechan las indecisiones, los cabildeos, las manos tendidas y las alfombras que les ponen en las instituciones. Aun siendo falsas opciones reaccionarias, con un discurso tan falso como simple, se nutren de las mentiras, las medias tintas y la desilusión que causa el gobierno. Para derrotarlos, hay que enfrentarlos consecuentemente en las instituciones y en las calles. Para afrontar con fuerza los grandes desafíos por delante, es urgente y necesario poner de pie una nueva alternativa política, realmente de izquierda, consecuente, que apoye la lucha de los trabajadores, como en Nissan, y la huelga general contra los ajustes, la reforma laboral y las medidas anti obreras. Por la autodeterminación catalana, la libertad de los presos políticos, por derechos sociales y democráticos para las grandes mayorías. Contra el gobierno, el régimen monárquico-parlamentario del ´78 y el sistema capitalista, entre otros puntos. Con un programa transicional hacia un modelo socialista.
Un frente de la izquierda radical podría ser atractivo para lxs trabajadorxs y otros sectores, los colectivos feministas, de jóvenes e inmigrantes. En tal sentido, si la Candidatura de Unidad Popular (CUP) hiciera un llamado y se sumaran Anticapitalistas e Izquierda Revolucionaria, sería un gran paso adelante. Al igual que la participación de otras organizaciones que, como SOL, se reivindican socialistas, revolucionarias e internacionalistas, tales como LI, Corriente Roja y CRT. Hace falta un frente que no se quede a mitad de camino en sus propuestas de cambio, como les pasa a los reformistas. Es lo que está faltando para que no sean las variantes burguesas del régimen las que se nutran de la desilusión y el descontento popular.

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