Bielorrusia: La lucha continúa…

Por Jan Kryzhkevich

El 26 de octubre, los trabajadores de varias plantas, empresas e instituciones de Bielorrusia anunciaron el inicio de una huelga indefinida. Los huelguistas reivindican la dimisión de Aliaksandr Lukashenka, el cese de la violencia policial y la liberación de todos los presos políticos.

El primer día, la mayor actividad huelguista se observó en tales empresas como Grodno Azot, la Planta Electrotécnica de Minsk, la Planta de Motores de Minsk, la Planta Automotriz de Minsk, la Planta de Tractores de Minsk, la Planta de Tractores de Ruedas de Minsk, la Planta de Frigoríficos de Minsk, Belorusneft y Belaruskali.

La huelga contó con el apoyo de muchos estudiantes de casi todas las universidades del país, así como de los trabajadores de la ciencia, cultura, arte e incluso escolares. Los médicos que no tienen derecho moral para dejar de trabajar, organizaron acciones de solidaridad sin precedentes en apoyo de los huelguistas de todo el país.

Las autoridades reaccionaron de inmediato. Por orden directa de Lukashenka, comenzaron los despidos masivos de huelguistas de las empresas, los estudiantes fueron desmatriculados de las universidades, las cadenas de solidaridad de los médicos fueron dispersadas, muchos de sus participantes fueron arrestados.

La nueva ronda de represiones, con las que las autoridades intentan estrangular de raíz el movimiento huelguista, provocó una indignación y protesta en la sociedad aún mayores que antes. Ciertos profesores y administradores universitarios se niegan a firmar órdenes de expulsión de sus estudiantes, se unen a las protestas y renuncian por su propia iniciativa. En todo el país se llevan a cabo acciones de solidaridad con huelguistas, despedidos, desmatriculados y detenidos. Los trabajadores industriales están utilizando activamente la táctica de «huelga italiana».

La proclamación de una huelga nacional sin una cuidadosa preparación, sin creación de los comités de huelga en las empresas y un comité de huelga a nivel nacional, no encaja en las formas tradicionales de lucha huelguista. Pero hoy no hay otras opciones de resistencia bajo la dictadura. Cualquier comité de huelga o el de trabajadores es instantáneamente arrestado y reprimido. Por lo tanto, un empleado entra en huelga individualmente, por su propia decisión con notificación abierta, lo que requiere coraje y determinación. Así, el 30 de octubre la huelga general fue respaldada abiertamente por los trabajadores de la Planta Automotriz Bielorrusa (BelAZ, Zhodzina).

La estrategia de descentralización que subyace a las protestas bielorrusas ha demostrado su eficacia. Desde hace casi tres meses los bielorrusos llevan su maratón de protestas, sin líderes ni organizadores, sin detenerse y sin perder la esperanza de la victoria. Cada vez más personas se ven involucradas al proceso de resistencia no violenta, uniendo sus fuerzas a nivel de colectivos laborales, hogares, barrios y ciudades.

No es real resistir al ejército y a la policía armados hasta los dientes. Para preservar su poder personal, Lukashenka está dispuesto a ahogar a Bielorrusia en sangre y estrangularla en represalias.

Desde el 29 de octubre, la frontera con Polonia, Lituania y Ucrania está cerrada. Las autoridades van creando activamente las llamadas. «unidades relámpago» (paramilitares) de los ex militares.  Las tropas castigadoras han recibido carta blanca para el uso de la violencia en cualquier situación. Cualquier ciudadano que entre en conflicto con un representante del gobierno puede ser acusado de agresión, golpeado, arrestado o asesinado. Por parte de la jefatura de las entidades de las fuerzas del orden, más de una vez se han realizado declaraciones públicas que justifican el uso de armas de guerra contra la población civil.

Hoy en Bielorrusia nadie se ve inmune a la arbitrariedad de la junta militar. El país se encuentra en una situación de quiebra legal. Los célebres médicos, a pesar de la necesidad de su participación en operaciones planificadas, los artistas populares, los científicos de fama mundial, los grandes atletas de Bielorrusia, caen bajo arrestos y son sometidos a los tribunales ilegales. Aún se desconoce el número exacto de muertos, mutilados y desaparecidos durante las protestas. El Comité de Investigación no ha iniciado causa penal alguna por apaleos, torturas, violaciones y asesinatos, pero al mismo tiempo, hay cerca de setecientos casos pendientes contra los manifestantes. Más de doscientas personas son acusadas por las autoridades de organizar alborotos e intentos de derrocar al gobierno, enfrentan penas de prisión de hasta 10 a 15 años de prisión. Lukashenka está tratando de transformar a Bielorrusia en un campo de concentración personal, con lo cual el pueblo bielorruso nunca estará de acuerdo y luchará hasta la victoria.


La protesta pacífica es hasta ahora la única forma posible de resistencia en la realidad bielorrusa. Los cambios comenzarán cuando el movimiento de protesta afecte a todas las esferas de la sociedad, desde las escuelas hasta los cuarteles.
El régimen de Lukashenka se está degradando y desintegrando a ojos vistas. Al no querer servir a la dictadura, los militares, policías, funcionarios de los tribunales y fiscalía, diplomáticos, funcionarios de la Presidencia, docentes y directores de las escuelas, rectores de las universidades abandonan sus puestos por su propia iniciativa. Cada vez hay menos profesionales en el poder, cuyo creciente déficit está siendo reemplazado por un sustrato burocrático deficiente e incompetente. La caída del régimen es una perspectiva inevitable. Es cuestión de tiempo y de la voluntad del pueblo bielorruso.

Lo que está sucediendo en Bielorrusia está indisolublemente vinculado a la dinámica de los procesos globales. Hoy en día, el mundo entero se rebela contra las cínicas mentiras y la locura de las autoridades. Sería ingenuo creer que los líderes de los países occidentales, que ayer coquetearon con el régimen de Lukashenka y hoy lo condenan airadamente, acudirán en ayuda del pueblo bielorruso. Bielorrusia es sólo una de las cartas en los juegos de la política global.
El orden mundial que apoya a los regímenes dictatoriales, justifica la violencia policial y el asesinato de civiles, no tiene derecho al futuro.
Tiene sentido sólo el que los trabajadores confíen en su propia fuerza y en la solidaridad internacional. Creando nuestras organizaciones políticas y uniéndonos a nivel internacional, seremos capaces de resistir a las élites mundiales que empujan al mundo hacia una serie de guerras y un abismo de ausencia de derechos.

¡Juntos venceremos!
¡Viva Belarús!