No al preacuerdo ERC-CUP

No hay que apoyar a los que dilapidan la fuerza movilizadora del pueblo catalán por la autodeterminación y defienden al capitalismo.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs (JxCat), tomará contacto con los partidos políticos y, eventualmente, surgirá un candidato a President de la Generalitat para el debate parlamentario del próximo viernes. Para lograr la investidura, Pere Aragonés cuenta con un preacuerdo con la CUP, mientras que siguen las negociaciones ERC-JxCat; las zancadillas y los acuerdos de equilibrio inestable a último momento caracterizan su relación.   

JxCat y ERC vienen de comandar el anterior Govern en conjunto, primero con Quim Torra, ungido por el expresident Carles Puigdemont y luego con el propio Pere Aragonés. Aunque con total moderación, los partidos catalanes mayoritarios no abandonaron por completo sus discursos independentistas, contra el régimen del ´78 y por la amnistía para los presos políticos. Pero fueron mucho más contundentes en su accionar político regresivo: intentaron consensuar con el gobierno opresor español, sembraron expectativas en las falsas promesas de Pedro Sánchez, pusieron la proa hacia el autonomismo, mantuvieron los recortes a lo público, profundizaron la desigualdad social y fueron responsables políticos por la represión llevada a cabo por las BRIMO y los Mossos. En resumen: dilapidaron el poder de la movilización del pueblo catalán para concretar el mandato del 1-O por la República Catalana y, como cualquier típico gobierno burgués, favorecieron los intereses de los empresarios, los ricos y los poderosos.

En tal sentido, la CUP viene dando pasos contradictorios y negativos: la rebaja del programa anticapitalista para hacer un frente con Guanyem, ahora el anuncio de un preacuerdo con ERC, que le deja la puerta abierta al apoyo e incluso a la incorporación a un eventual gobierno encabezado por Aragonés y las señales de voluntad política de acercamiento a JxCat. Algunos puntos del acuerdo, que sólo han trascendido por los medios de comunicación masiva, se refieren a la toma de medidas “ante la “emergencia habitacional” y los desahucios, el refuerzo de la atención primaria y supeditar el uso de las balas foam a que los Mossos publiquen los protocolos sobre su uso…y la preparación de un nuevo referéndum para un nuevo embate contra el Estado”. Aragonés fue más allá y declaró que se someterá a una cuestión de confianza a medio mandato a cambio de que la CUP le apruebe los Presupuestos, algo similar a lo que ya implementaron en su momento con Puigdemont.

La dirección de la CUP ha anunciado que el texto completo será sometido a debate y votación de la base para que decida si aprobarlo o rechazarlo. Ninguno de los puntos que trascendieron cambia la esencia del problema: por lo que hicieron con el “Procés”, en la gestión posterior y por la dinámica autonomista que le imprimen a la realidad catalana, no se puede depositar confianza en ERC y JxCat, aprobar sus presupuestos o integrar un gobierno burgués con ellos. Sería una gran contradicción haber defendido la ruptura franca con el régimen, haber denunciado la represión a la juventud en las calles y a los inquilinos en los desahucios, haberse posicionado en oposición a quienes condujeron el Govern y ahora pasar a apoyarlos. Los dirigentes de ERC y JxCat siguen siendo los mismos que privatizaron en sanidad y en los servicios públicos y que defienden los intereses patronales por encima de las necesidades populares.

Plantear como centro para un acuerdo impulsar un nuevo referéndum saca del eje la necesidad de impulsar la movilización masiva, las huelgas y la creación de organismos independientes de poder popular. Nos expresamos junto a lxs compañerxs de la CUP que vienen siendo críticos del curso actual, que rechazan el preacuerdo y la integración al Govern, para no terminar como Podemos, que pasó de ser una expresión política surgida de la bronca de los Indignados a formar parte de un gobierno burgués.

Más allá del resultado de la consulta, seguiremos insistiendo en la necesidad de conformar una fuerte alternativa de izquierda, consecuente en la lucha por la República Catalana y anticapitalista, alejada tanto del oportunismo como del sectarismo, de independencia de clase, con la estrategia del socialismo con democracia. Los que nos reivindicamos socialistas, revolucionarios e internacionalistas tenemos que dar pasos para hacerlo posible.

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