España arde: incendios, crisis climática y recortes. El capitalismo alimenta el fuego.

Decenas de miles de hectáreas calcinadas, pueblos evacuados, miles de personas desplazadas y bomberos forestales denunciando abandono institucional. La nueva ola de incendios que golpea al Estado español no es una catástrofe «natural»: es el resultado de la combinación entre el calentamiento global impulsado por el capitalismo, décadas de desinversión en prevención y extinción, y gobiernos que priorizan el gasto militar y los negocios privados antes que proteger la vida.

Por Flor Salgueiro

Un país cercado por el fuego

España atraviesa una de las peores emergencias por incendios forestales de los últimos años. Los focos más graves se concentran en la Sierra Oeste de Madrid, Ávila, Toledo, Guadalajara y Castellón. El incendio de Burgohondo (Ávila) ya es considerado el mayor registrado en la historia del país, mientras que los fuegos de Madrid y Toledo llegaron a fusionarse en un único frente de enormes dimensiones. En conjunto, más de 77.000 hectáreas han sido arrasadas y decenas de miles de personas han tenido que ser evacuadas o confinadas. La magnitud del desastre obligó incluso a declarar la emergencia de interés nacional en varias zonas. Aun así, numerosos frentes permanecen activos y el riesgo de reactivación sigue siendo alto.

Lo peor puede estar por venir

Aunque algunos incendios muestran una evolución favorable, los especialistas advierten que la situación dista de estar controlada. La llegada de una nueva ola de calor, acompañada de altas temperaturas, baja humedad y viento, puede reactivar focos aparentemente estabilizados o generar nuevos incendios de comportamiento extremo. Los llamados incendios de «sexta generación», capaces de crear sus propios fenómenos meteorológicos y escapar al control de los dispositivos de extinción, dejan de ser una excepción para convertirse en una amenaza cada vez más frecuente.

El cambio climático tiene responsables

Cada verano se intenta presentar estos desastres como inevitables. No lo son. El aumento de la frecuencia e intensidad de las olas de calor responde al calentamiento global provocado por un modelo económico basado en la quema masiva de combustibles fósiles y en la búsqueda permanente del beneficio privado. Las grandes multinacionales energéticas y los gobiernos que protegen sus intereses continúan impulsando un sistema incompatible con el equilibrio climático.

Pero el cambio climático explica solo una parte del problema. La otra tiene responsables políticos concretos. Durante años, los distintos gobiernos desde el PP al PSOE han reducido inversiones en prevención forestal, mantenimiento de montes, contratación estable de personal y modernización de los dispositivos de extinción. La lógica de los recortes y la privatización también alcanza a los servicios de emergencia. No se puede esperar que Vox actúe distinto ya que la ultraderecha es negacionista.

En la Comunidad de Madrid, presidida por Isabel Díaz Ayuso, estas políticas adquieren una expresión especialmente grave. Mientras la propaganda oficial habla de eficacia, los propios trabajadores denuncian carencias estructurales que ponen en riesgo tanto sus vidas como la capacidad de respuesta frente a incendios cada vez más extremos.

Bomberos forestales: «Nos sentimos abandonados»

En plena emergencia, los bomberos forestales madrileños denuncian falta de reconocimiento profesional, incumplimientos laborales, problemas en las contrataciones y graves deficiencias en materia de seguridad. Las denuncias señalan que siguen sin reconocerse plenamente sus funciones como bomberos forestales, persisten contrataciones que no respetan las condiciones prometidas tras las oposiciones y continúan existiendo insuficiencias en equipos y protección.

Protesta en Madrid.

La sensación general expresada por el colectivo es de abandono institucional precisamente cuando más necesaria resulta su labor. Mientras arriesgan su vida para proteger bosques, viviendas y poblaciones enteras, muchos de quienes combaten el fuego trabajan con plantillas insuficientes y condiciones laborales que llevan años reclamando mejorar.

Cuando el fuego arrasa una vida

Detrás de cada cifra hay familias enteras obligadas a abandonar sus hogares en pocos minutos, agricultores que pierden años de trabajo, pequeños ganaderos que ven desaparecer sus medios de vida y personas que desconocen si encontrarán su casa en pie cuando puedan regresar. El drama no termina cuando se extinguen las llamas. Llegan después la pérdida del empleo, la destrucción del entorno, el impacto psicológico y la incertidumbre sobre la reconstrucción. Cada incendio recuerda que la crisis climática ya no pertenece al futuro: amenaza hoy mismo la vida cotidiana de millones de personas.

Hace falta otra política y otro sistema

La respuesta no puede limitarse a lamentar cada verano una nueva tragedia. Es necesario exigir inversiones masivas en prevención forestal, gestión sostenible de los montes, contratación pública estable de bomberos forestales, mejores condiciones laborales, medios materiales suficientes y planificación científica frente al cambio climático. Y por supuesto, todas las ayudas económicas y las que fueran necesarias para los damnificados. Los recursos existen. El problema es dónde se destinan. Mientras los gobiernos europeos incrementan sin descanso los presupuestos militares y avanzan en el rearme, deberían poner esos miles de millones al servicio de proteger vidas, ecosistemas e infraestructuras frente a una emergencia climática que ya está causando daños inmensamente superiores.

Pero incluso esas medidas serán insuficientes si no se enfrenta la raíz del problema. Un sistema económico organizado alrededor del beneficio privado, la competencia entre grandes potencias y la explotación ilimitada de la naturaleza resulta incompatible con la supervivencia del planeta.

Frente a un capitalismo que calienta la Tierra, destruye los ecosistemas y convierte cada verano en una nueva temporada de catástrofes, es necesaria una transformación social profunda que sitúe las necesidades humanas y la planificación democrática de la economía por encima de las ganancias de una minoría. Porque la alternativa es cada vez más evidente: o se cambia el sistema que está destruyendo al planeta al límite, o ese sistema seguirá destruyendo las condiciones mismas para vivir en él. Es decir, la disyuntiva es clara: Socialismo o barbarie.

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