Jugada de gol

Se juega la Copa Mundial Femenina de Fútbol en Francia. Cuestionamiento al machismo en sus entrañas.   El torneo se emite en 135 países, cuenta con más de 1.000 millones de espectadores, estadios con mucho público y premios de la FIFA por 30 millones de dólares. Los valores son superiores a los mundiales anteriores, lo cual es un avance. Sin embargo, las diferencias con los torneos masculinos siguen siendo enormes: 400 millones en premios para varones, mucha más publicidad y patrocinadores.

Las mujeres siguen conquistando derechos, aún en los espacios más machistas como el fútbol, desde su origen considerado y reproducido como “un deporte para hombres”. En la VIII edición mundialista, las mujeres reafirman su lucha, precisamente en el mismo país que los “chalecos amarillos” dan un ejemplo de combatividad reclamando derechos cercenados.

Hace años que somos una presencia notable en las tribunas y se ha comenzado a trasladar con fuerza a los terrenos de juego. Es la revolución de las mujeres, de las lesbianas, de les trans, de todas aquellas que quisieron tocar la pelota y fueron burladas, apartadas o castigadas adentro y afuera de la cancha. La ola feminista mundial ya no acepta que le digan: “anda a jugar con las muñecas” ni “anda a lavar los platos”, ni que les corten el pelo para poder jugar pasando por varones.

…las diferencias con los torneos masculinos siguen siendo enormes…

Los pasos adelante en el fútbol se agigantan cuando conocemos las ligas locales por las que las mujeres transitan para llegar al terreno de la selección nacional. Casi sin excepciones, están dirigidas por un machismo acérrimo, por mafiosos de traje, estrechamente vinculados al poder político de turno. Además de discriminar humana y deportivamente a las jugadoras, las someten a una diferencia salarial sideral con relación a los jugadores. Aquí también se hacen presentes los dos elementos fundamentales de la dominación patriarcal sobre las mujeres: opresión y explotación.

Hay quienes opinan que el fútbol es negativo en sí mismo porque actúa como un “opio para las masas”. El problema no es el deporte, sea el fútbol o cualquier otro que despierte pasiones sociales, sino quienes lo conducen y lo mercantilizan. Por eso festejamos que nuestras hermanas futbolistas puedan decidir qué hacer con su cuerpo, tener derecho a jugar, a decidir, a gozar o lo que se les de la gana de hacer en el terreno de juego.

Muchas jugadoras son activistas. Las australianas han liderado una protesta con la consigna «Ahora es nuestro momento». La noruega, Ada Hegerberg, que fue elegida mejor jugadora del mundo y decidió no participar del Mundial para manifestar las desigualdades de género entre los planteles femeninos y masculinos. Megan Rapinoe, defiende los derechos del colectivo LGTBIQ+ y encabezó la lucha por la igualdad económica para las y los futbolistas estadounidenses.

El deporte no puede estar ajeno a semejante manifestación de fuerza y determinación que recorre el mundo.

La cuarta ola feminista internacional tiene distintas características y ritmos, en algunos países es un Tsunami, en otros una gota que orada la piedra como puede, pero es un único reclamo por la igualdad de derechos reconocidos con los hombres y su cumplimiento efectivo.

En el Kurdistán se defienden con las armas. Las argentinas y latinas lo hacen con un pañuelo verde y uno naranja, por el aborto y la separación de la Iglesia y el Estado. Las iraníes festejaron poder entrar a ver partidos en el mundial masculino de Rusia y poder empezar a conducir. La orquesta femenina Zohra se ha convertido en un símbolo de libertad mediante la música, desafiando a talibán en Afganistán. En Brasil se levantan contra el fascista Bolsonaro. En EE. UU. enfrentan a Trump. En el Estado español a los violadores de La Manada y a los fascistas de VOX. Y así hay miles de ejemplos que pronto serán millones.

En todos lados se rechaza la violencia y los femicidios. El deporte no puede estar ajeno a semejante manifestación de fuerza y determinación que recorre el mundo. Hay que combatir a las instituciones reaccionarias del patriarcado, también en lo deportivo, no hay que dejar que manchen la pelota. La irrupción de las mujeres en el fútbol lo hará mucho mejor para todes. Desde Juntas y a la Izquierda la seguiremos hasta el final, hasta que el patriarcado y el capitalismo caigan juntos.

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